¿Cuántos Caneks?

“… no sé que esperáis para sacudir el pesado yugo y servidumbre trabajosa en que os ha puesto la sujeción a los españoles; yo he caminado por toda la provincia y registrado todos sus pueblos, y considerando con atención qué utilidad o beneficio nos trae la sujeción de España [..] no hallo otra cosa que una penosa [..] servidumbre.” Gritó Jacinto Canek desde el atrio de una iglesia incitando a los indígenas a levantarse contra los españoles en noviemre de 1761, un mes despúes lo quemarían vivo en la hoguera junto con sus sueños de liberar a sus hermanos mayas del yugo opresor de la casta blanca.

90 años después de la muerte de Jacinto inició en la entonces República de Yucatán el conflicto armado que el día de hoy conocemos como Guerra de Castas, el cual duraría más de 50 años (1847-1901), cobraría la vida de unas 300,000 personas y en el que incluso se gestó un Estado maya independiente con su propio gobierno.

La ciudad blanca, así le dicen a Mérida, ya sea porque antiguamente sus casas portaban el color blanco, ya sea por su supuesta limpieza y pulcritud o porque, como algunos historiadores señalan, solamente se permitía que vivieran bancos dentro de sus límites, la realidad es que a más de 100 años del conflicto armado, a más de 200 de la independencia y a casi 500 de la conquista, se sigue viviendo una “guerra de castas” o más bien, una “opresión por las castas”.

Un amigo alguna vez me contó que en el verano, acompañado de un amigo de la UADY, mientras trataban de entrar a un antro, sólo le fue permitido pasar a uno de ellos, evidentemente el de escuela privada no fue el detenido. No es un secreto, un antro solamente quiere que entre la “gente bien”, ¡no vaya a ser que se convierta en uno de esos antros de “nacos”, “indios” o “huiros”!

No es por restarle responsabilidad a ese antro, cometió un acto de discriminación repudiable y penado por la ley, sin embargo, lo realmente triste es que tenga motivos reales (aunque no sean válidos) para hacerlo, al fin y al cabo es un hecho que si a un antro en México comienzan a concurrir muchas personas de facciones indígenas, probablemente pierda su tan preciado status, como también es un hecho que en México alguien de tez clara conseguirá trabajo más fácilmente que alguien de piel oscura, que para alguien de tez morena será más fácil ser tachado de vándalo y que muchas mamás no considerarían apropiado que su hija salga con un muchacho de apellido maya; es un hecho, somos tremendamente racistas, la Mérida del norte y la del sur son testigos de ello, seguimos en un “duelo de castas”.

A un mes de la firma de la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, resulta especialmente importante recordar que históricamente se han cometido injusticias, que unos se han visto beneficiados y otros perjudicados por el sistema establecido y es indispensable no parar de preguntarnos ¿cómo reivindicar los derechos de los pueblos que de un día para otro se volvieron extranjeros en su propia tierra?  En nuestra historia han habido muchos Caneks. El proceso de conquista y de formación del Estado como lo conocemos ha quemado en la hoguera el futuro de más de uno de esos humanos que originalmente habitaron estas tierras.

 

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