Crónicas viajeras: De la desesperación a la emoción I

Apunté su nombre, pero lo perdí tiempo después. Al haber escuchado que vivía en Canadá su semblante cambió por completo y sus ojos se llenaron de brillo.

Me preguntó qué hacía exactamente en Canadá, dónde vivía, cuánto tiempo llevaba ahí y en cada pregunta se escuchaba más entusiasmada, yo no entendía el cambio de actitud tan rápido. Respondí cada una de sus pregunta. Pero yo no encontraba respuesta a su emoción.

Me preguntó si tenía muchos amigos en Canadá y cómo había conseguido aquél trabajo. Le conté toda la historia sobre cómo obtuve mi permiso de trabajo y residencia canadiense temporal pero le dije que mis amigos eran más que nada los de mi trabajo, porque eso era lo único que hacía ahí, trabajar. Conocía poca gente fuera del ámbito laboral y le dije que vivía en Toronto. Todo su interés fue sobre ese país y mi trabajo.

Le pregunté por qué me hacía tantas preguntas al respecto. Y después de tomar un profundo suspiro y entrar en confianza me contó su historia.

Era una señora adulta de entre sesenta y setenta años aproximadamente. Cuando era joven y a finales de la segunda guerra mundial había conocido a un soldado canadiense del cual ella se enamoró profundamente. Él vivió en París por un tiempo y ahí se habían conocido pero después de haber terminado la guerra él tuvo que regresarse. Le pidió que regrese con él pero ella era muy joven y no se lo permitían. Se regresó solo. Pero al poco tiempo, después de haber trabajado para ahorrar dinero, ella escapó de casa y tomó un barco a Canadá para buscarlo. Llegó a Toronto pero nunca lo encontró. Después de varias semanas estando ahí ya había gastado su dinero y tuvo que buscar un trabajo y fue ahí, cuando trabajando ilegalmente, fue encontrada por agentes de migración y fue deportada. Le dijeron que nunca más podría entrar al país por haber sido deportada por lo que, incluso después de haber pasado tantos años, para ella, su única opción era regresar con una visa de trabajo, algo que nunca había logrado.

Había perdido toda esperanza hasta que me encontró.

Y me preguntó directamente si podía ayudarla y de esa forma ella me ayudaría también.

Claramente no podía y se lo dije directamente. Pero ella insistía en que hablara con mis jefes para que la empleasen o le preguntara a alguien más, insistía en que habría algo que ella pudiera hacer lavar, barrer o limpiar donde sea pero necesitaba esa oportunidad para poder regresar.

En ese momento me devolvió el enchufe y me ofreció su laptop para que pudiera revisar si tenía alguna solicitud confirmada en CS o para que pudiera encontrar cualquier tipo de hospedaje. Ya eran alrededor de las seis de la tarde y la idea dormir en las calles de una ciudad tan grande me desesperaba. Ella vio mi desesperación y empezó a ayudarme buscando también hotelitos o posadas. Recordó a un primo suyo que tenía un hotel en las afueras del municipio de París, le llamó por teléfono para pedirle una habitación barata para mi y solo recuerdo que dijo en francés:

“Tengo un niño desesperado buscando dónde dormir”

Su primo le había ofrecido una habitación para mi a treinta y cinco euros en un hotel que se encontraba a una hora de distancia del centro de París, era un lugar bastante lejano. Lo consideramos como una última opción mientras yo refrescaba la página de internet para ver si había recibido alguna confirmación. El tiempo pasaba y como no había opciones la señora me ofreció una alfombra en su casa, me comentó que tenía una casa bastante sencilla y humilde, no tenía más habitaciones y vivía con un perrito, por lo tanto lo único que podía ofrecerme para no dejarme desamparado era una alfombra y unas toallas en su sala, decía que al menos era un lugar seguro.

Después de haberme hecho pasar un terrible momento unas horas atrás, la persona que más me había frustrado se había vuelto la única opción para dormir.

Lo consideré y acepté, no sin antes recalcarle que no podría hacer mucho por ella respecto a su retorno y búsqueda. En ese momento me dijo que ya no le importaba y que solo quería ayudarme.

Antes de irnos, actualicé una vez más la página del grupo de locales de CS y ahí fue cuando vi que un nuevo miembro de la comunidad, acababa de publicar que por ser nuevo estaba muy emocionado de poder recibir a las primeras dos personas que le escribieran.

Fui la primera persona en leer  y responder aquella publicación.

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