¿Cuánta indignación es suficiente?

En una clase donde la  mayoría se mantiene al borde de sus sillas contemplando el final de una serie o las mejores fotos de 9gag mientras se escucha el eco de la voz de más de un profesor, hoy pasó algo extraordinario: hoy nos indignamos.

Los sacos que deseamos ocupar son particularmente grandes, a veces, con el pasar de los exámenes y los debates fallidos, parecieran imposibles de llenar, pero aquí estamos, buscando ser abogados.

En este elefante me atrevo a generalizar porque creo que nadie, ni tan santo ni tan diablo, se salva.

Así las cosas es que Tópicos sociales fue el momento extraordinario del día: absortos en un documental sobre la Revolución Mexicana, escuchábamos y veíamos la narración de un extranjero que nos contaba nuestra propia, aguerrida, con más sangre que pan, historia mexicana.

Con la frase final de un yucateco hablando de la tierra y la justicia, el silencio de costumbre permaneció. No sé si fue el relato de los antiguos esclavos mayas, de los chamulas, de las fotografías de los estudiantes del 68 pero algo sucedió, algo nos indignó.

Nos indignó suficiente para hablar, compartir ideas. Concluir que el México de los millennials y los mirreyes, es el mismo de los 70’s.

Hoy mi clase de Derecho se sintió llena de hambre. Todos se preguntaban qué  episodio más extraordinario  requeríamos para indignarnos lo suficiente. ¿No nos bastaban 43 desaparecidos, la lista de recientes feminicidios, el comercial de Yoplait, las 10 transgénero asesinadas, las, los, el, la … qué, quiénes, dónde más nos hacía falta para sentirnos perversos por haber normalizado las noticias más desgarradoras y atroces?

La indignación hoy  nos hizo hacer algo fuera de lo común: expresarnos y aceptar lo mal que están las cosas, la nada que aportamos al cambio, lo cómodos que estamos. Si bien, pudiera parecer insignificante, lo cierto es que se inició lo más importante: una idea propia. Ningún incentivo, ninguna calificación de por medio que obligara que sucediera. Fue espontáneo, verdadero.

Ahora queda hacer que la indignación no sólo suficiente para hablar y criticar, sino para emprender actos, empezar a creernos abogados.

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