NO TE SUBESTIMES

Hace muchos años, en una clase de orientación vocacional, hicimos un ejercicio de percepción.

La dinámica consistía en dividir una hoja en 4 partes. En los dos apartados superiores debíamos de escribir “cómo soy” y en la otra “cómo creo que la gente me ve”. Terminado esto, procedíamos a intercambiarlos con los demás para que ellos escribieran en la parte inferior “lo que veían en nosotros”  (en el 4to cuadrito no recuerdo que era jejeje).

La conclusión fue que el 90% de mi salón consideraba que yo era inteligente y servicial. Características  que yo no contemplaba que tuviera. Por otro lado, cosas como “buena onda” y “graciosa” que había escrito en “cómo soy” no aparecieron en lo que opinaban los demás.

Entonces comprendí la diferencia de lo que soy y de lo que los demás perciben que soy, a veces estamos tan convencidos en lo que somos que no nos percatamos de lo que podemos llegar a ser, incluso irónicamente algunas veces el exterior percibe una mejor versión que nosotros.

Tiempo después durante dos años forme parte de un grupo apostólico. En mi primer año la historia fue maravillosa, me sentía una persona motivadora, siempre estaba dispuesta, alegre, buena onda, sonriente y servicial. Cosa que al final los jóvenes con los que conviví compartieron conmigo.

Para el siguiente año la historia fue diferente, mi trabajo me estresaba, siempre llegaba cansada, estaba de mal humor, por lo tanto en mi defensa, nunca me percate de que esto se viera reflejado en mi desempeño con los chavos. Un día recibí una llamaba de atención. “Regañas mucho. No convives, no estás, eres muy seria, siempre de mal humor”. Dolió, no sabía cuánto había influenciado en mi entorno la apatía y estrés del trabajo. Tenían razón, yo era diferente.

Como lo he mencionado anteriormente, es muy importante el autoconocimiento, en qué eres bueno, en qué eres malo, en qué debes de trabajar, cuáles son tus límites y cuáles son tus virtudes y defectos. De alguna manera  conocerte a ti mismo te ayuda a saber de lo que eres capaz y a qué puede aspirar.

Pero a veces es bueno a escuchar lo que los demás tienen que decir sobre ti. Aprender a escuchar sin bloquearse de las críticas que tienen, sobre todo de las personas más cercanas a nosotros.

En ocasiones estamos tan centrados en lo que somos que no vemos lo que podemos llegar a ser. No vemos nuestro propio potencial, no vemos todo lo que con un poco de esfuerzo podemos llegar a desarrollar.

De alguna manera, buena o mala, la vida se ha encargado de ponerme proyectos en mi camino de los cuales no estoy segura de poder realizar.  Las personas  de mi exterior confían más en mí y en mi capacidad como arquitecta o como persona que yo misma.

No importa cuántas personas tengas frente a ti diciéndote que serás una excelente oradora si no estás  dispuesta a cruzar la barrera del pánico escénico.

En estos tiempos de duda y aprendizaje finalmente entiendo el término de “Rodearte de personas que te motiven a ser mejor”. Porque esas son las que te ayudan a seguir adelante, a decirte cuándo estás fallando, a no rendirte, a confiar en ti mismo, ellos ven algo en ti que probablemente tú no contemplabas.

Es importante tener seguridad en ti mismo, no subestimarte, somos capaces de hacer cualquier cosa que nos propongamos. Pero también es importante aprender a escuchar con humildad. No siempre todo lo que nos dicen es para lastimarnos ni para hacernos sentir mal. No nos pongamos a la defensiva. Asimilemos la información y asumamos la crítica, el consejo o la corrección como propios. Sólo así seremos mejores.

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