La aventura comienza: mañana

Vine a Mérida, tan sólo cuatro días, para tomarme un café con mi abuela y darle el gusto de verme comer el pollo pibil que hace con tanto amor, para observar a mi abuelo reírse de sí mismo porque ya ha perdido mucha de su capacidad para recordar, para bailar en el coche con Adriana, para abrazar a mi mamá y decirle “aquí estoy”, para recordarle a mi papá lo orgulloso que estoy de él. Volví a casa para reconocer los detalles de sus paredes, para encontrar aquél libro del que no me acordaba, para sentir el calor apabullante pero familiar, acogedor.

Vine para visitar el Piaget y la Facultad de Antropología y saber que ahí también tengo un lugar. Para ver a Nelly y ponernos felices. También vine para ver a mis amigos, para acortar las distancias, para descansar de unos dos meses intensos en la CDMX. Vine a Mérida, unos días nada más, para tomar impulso. Porque soy un ser humano que cree que antes de enfrentar un reto necesita recordar quién es, recuperar las fuerzas, sentirse amado, tocar el punto de partida.

Viajar consiste, la mayoría de las veces, en un doble viaje. El viajero viaja dos veces: se desplaza por el espacio geográfico del mundo, pero también transita hacia un “nuevo” yo, hacia el que vuelve. El viaje interior es tal vez más intenso, turbulento e intrincado que el exterior. La literatura nos ha enseñado ya, por muchos siglos, que todo texto de viaje es también un aprendizaje y una transformación. Veinte años para el regreso de Ulises, por ejemplo, a lo largo de un sinuoso viaje por el mediterráneo, sus bestias míticas y destinos laberínticos. Yo me voy veinte días.

Viajo de Cancún a Madrid, de Madrid a París, de París a una pequeña ciudad llamada Poitiers, en la zona central de Francia. Voy a participar en un congreso con investigadores de talla intimidante, voy a realizar una pequeña estancia de estudio de la cual no tengo muchos detalles, voy a sentarme a escribir mirando hacia otros horizontes.

Voy a visitar las tres ciudades: a respirar sus calles, a leer a su gente, a escuchar sus paisajes, a andar por sus sabores. En resumen: retos, incertidumbres, descubrimientos. ¿Estoy emocionado, nervioso, ansioso? Hasta la pregunta ofende. Soy un manojo de ansiedades. David Estrés Drama Ansiedad Loría Araujo, para servirle a usted, mucho gusto.

No tengo tanta experiencia en las crónicas de viajes, como sí la tiene Javo. Pero intentaré, por aquí, los próximos tres viernes de elefantes, compartir un poquito de lo que me toque vivir. Ya saben que pongo todo por aquí, sin filtros: lo bueno, lo malo, lo feo y lo guapo.

La aventura comienza este domingo y, como dice Nelly, el miedo es la antesala de la emoción. 

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