EL PODER DE LA MENTE

Entre un escritorio lleno de hojas y pendientes por hacer, dos botellas de agua medio vacías y Los Amigos Invisibles sonando en el fondo de la habitación, intento una vez más concentrar toda mi atención en escribir.

Además de la existencia de un ser supremo llamado dios, creo firmemente en el poder de la mente y en la capacidad que tenemos cada uno en cambiar. Sin embargo una vez que nos hacemos consientes de un defecto, en mi caso el ser demasiado distraída, es bastante fácil culpar a dicha característica de cualquier evento desafortunado que nos ocurra.

Este mes no fue mi más brillante, además de múltiples caídas, choqué contra un poste, nuevamente perdí dinero, y el tapón de la radio del coche, tiré medio bote de pintura sobre la mesa, me metí en sentido contrario e intentaron multarme, al estacionarme atoré una cosa que va debajo de la defensa y finalmente ahogué a mi celular.

 … Y esto es solo lo que recuerdo justo en este momento, pero estoy casi segura que habían más cosas…

Reflexionando por la noche me di cuenta de dos cosas, uno: creo que deberían retirarme la licencia debido a lo mal que manejo y dos: el problema está en mi mente.

Antes de que terminara el mes, me di cuenta que mi torpeza era más frecuente e incluso llegué a mencionárselo a varias personas, cada vez que sucedía algo nuevo iba y me quejaba con las personas enumerando también todas las anteriores.

¿Por qué nos estás contando esto mariana?

Como dato curioso justo hace un año para un concierto el cual fue aproximadamente en estas mismas fechas perdí mi celular de apenas 4 o 5 meses.

Esto es relevante para mí porque el día de ayer me di cuenta de la resignación que ya tengo respecto a este tema. Discutiendo con mis padres sobre la urgencia de tener otra vez un buen celular, se quejaron de la predisposición que existe en mi mente. Una y otra vez yo repetía “¿Para qué gastar si sé que no lo voy a cuidar?, mejor me compro uno sencillo y así no pasa nada si se pierde”

Al final terminé renovando el celular y dentro de unas horas asistiré nuevamente a dicho concierto, hoy tengo la revancha de demostrarme a mí misma la capacidad que tengo para no cometer mis estúpidos errores dos veces.

Cada uno crea la suerte que cree que tiene y si nosotros nos convencemos de lo que somos, entonces no importa cuántas veces te lo digan personas externas. Todo hecho o acción que nos suceda será relacionado a la mala suerte, a nuestra torpeza, a nuestra poca paciencia, a nuestra apatía, a todo aquel defecto del cual ya estamos resignados.

No confundamos aceptación con resignación, ya que esto al menos para mí, significa dar por perdida una batalla que sé que no ganaré antes de lucharla.

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