La píldora del estudiante inteligente

Tengo un secreto (me empeño en creer que es así) que contarle a toda la sala: Me muero de ansiedad (con énfasis textual y literario al final).

Para quienes no hayan notado la falta de uñas en mis dedos, la rapidez en mi hablar o últimamente, el constante ir y venir de un lugar a otro de prisa, se los confieso.

Mis padres dirían que empezó cuando recorté mis horas de sueño, pero yo aceptaría que es simple y llanamente un vicio arraigado. Le llamo vicio porque cuando no está le buscó para reecontrarnos, porque aunque sé cuán mala es, la llevo conmigo todo el tiempo…

Es difícil reconocer que me da ansiedad hacer las cosas que quiero y no ser tan eficiente ni productiva por la misma. ¿Qué les digo? Me la trae querer sujetar las riendas de mi futuro  y cumplir, como si existiera una lista que espera “palomitas”.

En fechas recientes, he descubierto el factor desgastante de la ansiedad  que deja fuera de combate (además de a mí) a los efectos tradicionales del café, dulce o bebida energizante más fuerte.

Aunque existe la píldora del estudiante inteligente.

Resulta que entre la búsqueda de “remedios para no quedarse dormido”, se encuentra la respuesta a todos los estudiantes y profesionistas ocupados. Medicamentos recetados para la narcolepsia se han vuelto acompañantes predilectos en las universidades más importantes del mundo a tal grado que se ha sugerido realizar pruebas antidoping previas a los exámenes.

Me asusté. ¿A qué grado hemos llegado para ingerir sustancias supuestamente médicamente recetadas a fin de evitar una de las necesidades más esenciales para la mayoría de los seres vivos?, y específicamente, ¿a qué grado había llegado YO para hacer SIQUIERA esta clase de búsqueda ?.

No son necesarias píldoras ni gran inteligencia.

Cuesta entender que los límites no siempre tienen que ser rebasados o que a veces es mejor andar con los pies y no volar. Sobre el tiempo, que existe para todo y todos pero en ocasiones, no son posibles todo y todos. También habrán días equiparables a una moneda lanzada al aire: uno no podrá estar seguro de la respuesta al final.

Supongo que de eso se trata la vida: Hacer lo que en nuestras manos y ganas esté, aceptando que las cosas no siempre se ajustan a nuestros deseos y aspiraciones pero que ello no significa haberse equivocado.

La vida es demasiada para medirla en aciertos y errores.

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