¿Eliminar o no? ¿Compartir o no?

Nota al margen: ¡HOY SON 25 ELEFANTES SEGUIDOS!

Nuestro lenguaje habla, a veces, a expensas de nosotros y dice más de lo que creemos.

Si me pidieran mi opinión con respecto a ciertas prácticas sociales en las redes virtuales, elaboraría algo así como estas dos reglas que conforman el elefante de este viernes; sin embargo, en primer lugar, nadie me ha pedido mi opinión; y en segundo lugar, ¿quién soy yo para ponerle reglas a un espacio de interacción como una red social?

A pesar de estas dos objeciones, procedo a compartir estos pequeños puntos porque me interesa expresar mis ideas en este espacio libre. Definitivamente, no existen reglas para tal cosa como las redes sociales, así que las formularé como preguntas, para motivar al diálogo, que es lo más importante

1. ¿Qué hacer con las redes sociales cuando se termina una relación?

En principio, no existen normas. Generalmente, cuando las relaciones amorosas o amistosas terminan, no sucede porque el cariño se haya terminado, sino porque las sensibilidades, subjetividades y proyectos de ambas personas han cambiado, siguiendo el curso natural de la vida y la libertad. Nunca está más bien o más mal (por más que suene feo) eliminar a alguien de tus redes sociales. Eso sí: hay algunas decisiones más maduras que otras. Hay algunas elecciones más difíciles de afrontar. 

He tenido dos experiencias significativas respecto a este tema. En la primera, la nueva pareja de mi exnovio me eliminó por completo de todo contacto por medio de las redes sociales. En la segunda, yo eliminé a mi exnovio porque necesitaba sanar muchas cosas y mi fuerza de voluntad no había sido suficiente como para dejar de entrar a su perfil. Al principio yo estaba renuente a hacerlo, pensaba que era un acto infantil, pero a posteriori puedo decir que fue menos doloroso. Creo que la inmadurez está más en castigarse por parecer inmaduro, que por tomar una decisión y respetarla. 

Tiene toda la razón María José Evia en su elefante, al decir que “personas que creíste que siempre estarían ahí desaparecen sin explicación, pero también tú […] decides renunciar a ser parte del elenco del de otras personas. Cada vez que pasa, duele”. Debido a los avances tecnológicos, casi todas las personas que forman parte de nuestra vida vienen cargadas de imágenes [Facebook (por ejemplo) desafía los poderes de la memoria y nos hace sufrir, a veces, con sus recuerdos de “un día como hoy”]. No tiene nada de malo querer tomar distancia de ellas por un tiempo, ni es una decisión difícil, ni todas las veces es un asunto “personal” de odio y/o coraje hacia la persona eliminada/bloqueada, y esta tiene todo el derecho a sentir que es un acto injusto, pues nunca está padre.  

2. ¿Cuándo decidirse a juzgar y/o compartir un contenido que es denigrante?

Lo que mucha gente olvida es que dice más la mirada que observa que el mismo sujeto observado. Tomemos el ejemplo de Emma y su despedida de soltera, a quien esta semana mucha gente se encargó de denigrar. Llamarla “puta” y “zorra” revelan más de quien las dice que de la propia mujer aludida. Hacen eco del machismo internalizado, de la doble moral obligatoria, de que las redes nos han convertido en personas que ni se preocupan de sus propios asuntos, pero que sí ocupan su tiempo en poner el mejor caption para compartir un video cuyo objetivo es la mofa pública. 

Les invito a leer el fantástico artículo de Ale Higareda en Malvestida, quien argumenta: “todos tenemos anécdotas de las que no estamos orgullosos: borracheras que se salieron de control, momentos de despotismo desmedido, calenturas exhibicionistas o traiciones hacia las personas que más queremos. La única diferencia es que no fuimos blancos de una persona con complejo –mitad de documentalista/mitad de Dios castigador– que decidió que todo mundo debía de enterarse”. En ese sentido, todas y todos pudiéramos ser #LadyCoralina, tenemos cola que nos pisen. Yo sería, por ejemplo #LordDzityá, pero no hubo nadie para capturar aquél momento embarazoso del que no hablaré por aquí.

Otra cosa: no publiques algo por escrito si no estás dispuesto a dialogar y si lo haces únicamente para construir una mejor imagen de tu persona a costa de la vergüenza pública de alguien que no conoces ni estás enterado(a) de su contexto. Imprímelo y pégalo en tu agenda, scrapbook o un corcho. ¿Crees que es muy gracioso?, no te juzgo, pero entonces seguro no llegaste hasta este punto del post.

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Las redes están hechas para hacer redes, ojalá nos propongamos construir relaciones y enlaces más sanos, más dialógicos, más constructivos. Si no es constructiva, sana y dialógica una red con alguna persona, es mejor descansar de ella temporalmente. Hay que tomar fuerzas para las reconciliaciones, los encuentros y los abrazos de paz. Así también, hay que participar en redes que no reproduzcan los horrores, las diferencias y los enfrentamientos que nos persiguen en el mundo exterior. 

Es todo por hoy,

David Loría Araujo

Ciudad de México a 23 de septiembre de 2016.

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Un pensamiento en “¿Eliminar o no? ¿Compartir o no?

  1. David, felicidades por una reflexión tan constructiva sobre algo sobre lo que hoy caminamos a ciegas sin ver mas allá de lo inmediato, sin ver el poder destructivo y constructivo de sus efectos.

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