María José Evia Herrero – Los amigos se van

He estado pensando mucho en cómo quiero se vea mi vida. Tal vez es algo que pasa cuando te acercas a los treinta o tal vez es solo mi tendencia a sobreanalizar todo o una combinación de ambas cosas.

No quiero tener hijos. Lo único que sé sobre los próximos 15 años es que tendré dos gatitas hermosas a quienes cuidar y que espero que E esté ahí conmigo, como hoy, que escribe en otro cuarto pero aquí. Entonces, ¿de quién me quiero rodear?, ¿a qué y quiénes le voy a dedicar mi energía? En los últimos años he hecho muchos cambios que creo que me están acercando a la respuesta, pero en el camino me sorprendió algo que no esperaba: la pérdida de amistades.

Vivir en Mérida y estudiar en la misma escuela toda la vida me hizo pensar que, para los 18, ya había encontrado a las personas que iban a ser mis Best Friends Forever. Me imaginaba un montaje cinematográfico en el que todas nosotras estábamos ahí en las graduaciones, las bodas, los funerales y todo lo de en medio. Esta idea me hizo muy difícil crear nuevas amistades en la universidad y todavía más complicado encontrar un lugar en la Gran Ciudad. Todavía a veces me siento muy sola, a pesar de las decenas de personas que le dan like a mis chistes de Twiter, a pesar de los gatos y E y mis amigas que viven a diez minutos. Siempre estaba (OK, estoy) pensando en mis amigas que viven a hora y media en avión.

Entonces comenzó a suceder algo que, creo, es el elefante (o uno de los elefantes, el otro es que tus papás son personas. Una historia que les contaré en otra ocasión) de la adultez: los amigos se van. El montaje cinematográfico empieza a cambiar tanto que ya no reconoces la película. Personas que creíste que siempre estarían ahí desaparecen sin explicación, pero también tú misma decides renunciar a ser parte del elenco del de otras personas. Cada vez que pasa, duele. Cuando terminas con una pareja sentimental, la cultura te ofrece unos bonitos pasos a seguir, pero cuando pierdes a una amiga estás sola, no hay receta y, sobre todo, no hay empatía universal hacia ti. Se espera que tan solo “lo superes”.

Las primeras veces que sucedió esto no solo lo sufrí, como buena persona dramática y a veces un poco ensimismada, también estaba segura de que se debía a algo que yo había hecho y que por lo tanto yo podía arreglar. Después pasó que yo fui la que se alejó y entendí que, así como ya no veo el “para siempre” como un requisito en las relaciones de pareja, tengo que dejar de hacer lo mismo con las amistades. Algunas personas nos dan muchísimo y después la magia se acaba. Y eso es normal, está bien, no es un fracaso. Fracaso es quedarte en una relación, del tipo que sea, desde laboral hasta romántica, por un sentido equivocado de la obligación.

Mi meta para estos menos dos años finales de la veintena es evaluar mis amistades con parámetros más allá del tiempo que llevamos conociéndonos. Quiero reconocer a las personas que me quieren y darles más de mí a cambio. Quiero hacer de nuevo el casting para mi montaje y, siguiendo con esta metáfora un poco forzada, saber que está bien si algunos papeles son solo cameos.

María José Evia Herrero

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2 pensamientos en “María José Evia Herrero – Los amigos se van

  1. Yo, amo todo lo que escribes. Pero sin duda este ha sido mi composición favorita, porque me identifico mucho con lo que dices. Y me encantó como lo dices.

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