La vida moderna como reloj de arena

Miro de reojo a la izquierda y luego a la derecha. Hay una constante en todos, un punto de encuentro que es el menos benéfico y necesitado, pero que se manifiesta claramente: La gente camina rápido, maneja rápido, habla rápido, come rápido, lee las noticias rápido, estudia rápido… Todo sin parar con el objeto de volver a comenzar la dichosa rutina y cumplir como individuo responsable que eres, soy o aspiramos ser.

La vida moderna es cansada sólo de pensarla y hace olvidar que la vida bien podría ser sinónimo de oportunidad, de ir de aquí para allá , creando y deformando, riendo y soltando lágrimas, luchando por los ideales y meditando junto al mar inmenso.  “Una serie de venturas y desventuras”- según Papá Lol.

Hay un reloj de arena en las memorias de mi niñez del cual desconozco el dueño o el lugar donde lo hallé; no obstante, preservó las líneas de mi semblante maravillado con el caer despacio de la arena de aquel reloj. ¡Cómo odiaba cuando descendía tan rápido, cuando se escapaba de mi vista y no me permitía apreciar el momento!

Pero así es la vida moderna: Como un reloj de arena apresurado. La magia de despertar se acaba en el abrir de nuestros ojos y el primer pensamiento de “el quehacer de hoy es…”.

El ajetreo no nos deja en paz, venimos corriendo de un lado a otro pensando que tenemos un cronómetro pisándonos los talones y recordándonos el próximo evento, compromiso o responsabilidad sin poder apretar ningún botón para pausar o retroceder que nos dé la oportunidad de gozar el día.

Ha pasado a segundo término la calidad por la cantidadviva el capitalismo!) de tener, hacer, querer en todo aspecto y con todas las cosas, incluso en los días cotidianos. Osaré afirmar que somos más quienes saltan de una responsabilidad a otra por deber y no querer;  que nuestras aficiones, trabajo y pasatiempos han dejado de alegrarnos porque no tenemos el tiempo para disfrutarlos sino sólo para ha-cer-los,  mecánicamente, como ro-bots.

Se me escapa la risa pero se siente un tanto amarga. Podríamos ser Alicia construyendo un País de las Maravillas con nuestras vidas pero,  por elección o creyendo que no hay opción; hemos decidido ser el conejo que a sabiendas que llega tarde o el día no tiene más de 16 hrs  (sí,les reto a dormir 8 hrs) se obliga a seguir corriendo y pasando por objetos, lugares, personas y momentos que si no observamos, apreciamos, compartimos y experimentamos,  no importará cuántos o cuántas hayan sido, si llegamos en primer lugar, a tiempo o con una lista donde toda tarea ha sido cumplida.

Es decir, Carpe Diem, porque todos conocemos el significado de estas dos palabras y aún así, las olvidamos a menudo.

Monse.

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