Mauricio Bolio – Editando nuestra historia

La vida, y el amor son como las buenas historias, lo importante es saber con quién la escribes…

Escribir es un arte, algo que aunque todos podemos aprender a hacer, no todos tenemos el don de perfeccionar. Yo no escribo, (y aquí estoy publicando) ni sobre política, ni diversas sexualidades o la necesidad de marchar, ni mucho menos de lo mal que lo está haciendo tal o cual gobernante; yo reflexiono, creo diálogos (en terapia y en el café de la tarde) sobre algo que nos sucede a todos, que nos une sin saber que estamos dentro del mismo círculo, o cualquier forma que sea. Me refiero a la vida misma, a las variables tan constantes que esta puede tener y que nos hace ser quienes somos, variables como el amor, el desamor, las relaciones interpersonales, la tristeza, la inmensa felicidad que nos da lograr algo nuevo, la importancia de los aprendizajes o lo increíble que es tener un amigo o el orgullo que da ver a tu equipo ganar un partido.

Muchas veces, son las cosas extraordinarias las que nos marcan de por vida, pero es en lo ordinario de la vida, el momento justo donde practicamos lo aprendido y nos volvemos expertos en una cosa específica: vivir nuestra propia vida, pues somos nosotros quienes la vivimos; entendiendo que hay diversas formas de hacerlo, no hay una correcta ni tampoco una equivocada, pues no existen historias predeterminadas donde nos expliquen cómo hacer la vida perfecta, y esa es la ventaja de ser nuestros propios escritores, nosotros creamos, editamos y replanteamos incluso, nuestros finales, ponemos pausas tan largas como una coma o tan profundas como un punto y a parte. Todo depende de nosotros y cómo nos relacionamos con las historias de los otros.

La vida misma es un conjunto de sucesos, contingencias que nos hacen sentir de diversas maneras según como entendamos el mundo. Y en lo ordinario de vivir, el decir adiós es parte de esas constantes que nos trae el destino. A veces, como yo en esta semana, le digo adiós a quien vivió conmigo 24 años. Más bien, le digo hasta luego, porque dicen que despedirse implica olvidar. Otros dicen que se relaciona con un crecimiento y sé que ella eso va a hacer, crecer para crear: una familia, un matrimonio, un patrimonio y lo más importante, nuevas historias, de esas que estoy seguro emocionan, te atrapan y te enamoran como cuando lees un buen libro. Hoy me siento como ese lector emocionado por ver cómo lo que para mí (y los que viven conmigo) parece un final, es en realidad un inicio para alguien más.

Otras formas de editar nuestra historia, siguiendo con la línea de las despedidas, es analizar qué cosas de nuestro alrededor, nuestras amistades, de nuestro trabajo, de nuestra familia y tal vez de nuestra sociedad, requieren replantearse, requerimos verlas con otros ojos, ponerle puntos, comas, acentos, para que se escuche más fuerte, o dos puntos para poder anexar una aclaración. Si necesitamos borrar el pie de página porque no queremos seguir dando una explicación o un punto final si lo escrito entre nosotros ya terminó. Lo que quiero decir es que nos toca ir más allá, salirnos de nuestra zona de confort (y lo dice alguien que parece ya se acomodó), de invitarnos a cuestionar si esa historia que contamos de nosotros mismos es la que nos gusta contar, si es necesario borrar algo y comenzar de nuevo, o bien, si no será que introyectamos la historia que alguien más nos contó y ya la asumimos como nuestra.

Da miedo, asusta pensar que a veces necesitamos alejarnos de los demás para pensar y trabajar por nosotros mismos. Es inconcebible aun más en una sociedad donde te enseñan que hacer eso es de egoístas, que estar solos en un café, en el cine o en un restaurante es motivo suficiente para pensar que se está desdichado o que se sufre de soledad y no da la apertura a pensar que se disfruta de un encuentro consigo mismo, que a veces en la generalidad de la vida es bueno perderse para encontrarse, porque así, solamente así se encuentra la felicidad, esa que se despide de las ataduras sociales, que le dice adiós al “que dirán” y da la bienvenida al “qué digo yo”.

Creo fielmente que nunca es tarde para encontrarnos y siempre es necesario editarnos.

Mauricio Bolio Laviada

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