Hay decisiones que son un riesgo

Hace ya siete años regresé del mejor año de mi vida: el año mi intercambio.

Ese año sentí más que nunca la libertad. No estaba limitado a pedir permisos para hacer lo que quisiera y sobre todo, el conocer gente y culturas diferentes abrió mi mente: me sentía libre de los paradigmas y prejuicios con los que crecí toda mi pubertad en mi muy blanca, muy bonita y prejuiciosa Mérida.

Tardé mucho tiempo en poder aprender el idioma, que es fundamental para inculturizarse en otro lugar, pero tuve éxito en adaptarme rápidamente a las costumbres del lugar.

Había algo que me llamaba mucho la atención: Todos los suizos viajan. Todo el tiempo, a cualquier edad, a cualquier lugar, ya sea terminando la preparatoria, después del servicio militar (que es completamente obligatorio para hombres y se mudan a una base militar por un año) o simplemente desaparecen de su ciudad por unos meses… o años, para viajar.

Otro aspecto que llamó mucho mi atención es que muchos de ellos empezaban muy tarde a estudiar una carrera y también tardaban mucho en terminarla. Para ellos no importa si tienes veintiocho o treinta años al terminar una carrera, en verdad a nadie le importa cuándo termines, ni lo que hagas después.

Regresé a casa permeado con parte de esa mentalidad.

Regresé a casa pensando que no importaba cuándo empezar una carrera, cuándo graduarse, qué hacer después. Pero inmediatamente empezaron las preguntas como “¿no piensas estudiar nunca? ¿Qué vas a hacer de tu vida? ¿Si sabes que necesitas un título?” De repente todos se veían muy preocupados por qué iba a hacer yo de mi vida.

Era tan ingenuo que no analizaba que un suizo gana en promedio cien mil pesos mensuales, mientras que un mexicano que gana el salario mínimo, al mes recibe casi mil ochocientos pesos. Esa era la diferencia principal entre viajar o estudiar lo que quieras, porque al final, a la gente no le preocupa dónde trabajarás, ni qué harás con tu vida, siempre te irá bien, incluso si lavas platos en un café. Mientras que nosotros nos preocupamos por cómo les va a los demás, cuánto ganan y “cómo le hacen” para hacer ciertas cosas, qué van a hacer de sus vidas y mal gastamos las nuestras comparándonos con los demás.

Este es el último año de mi carrera y pienso mucho en que en algunos meses habré concluido con una etapa muy importante en mi vida y la pregunta que viene después es ¿Y ahora? ¿Debería hacer lo que sigue? ¿Lo que la gente normalmente hace? Una maestría tal vez, conseguir un trabajo, irme por lo seguro… o ¿liberar mi mente una vez más como lo  hice hace unos años?

Algunas decisiones que tomemos en nuestra vida siempre serán un riesgo. Solo hay que estar preparados para confrontarlo o aceptarlo.

 

 

 

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