Ciudadanos radicales

Por Jimena Ruiz Torres

(Gracias a Karim, Monse y Pris, por compartir sus ideas conmigo)

Este verano, además de trabajar, decidí aprovechar mi tiempo en meterle a la lectura. Teniendo ya varios libros en espera, como buena compradora compulsiva que soy, decidí que era necesario disminuir esa montañita. Decidí empezar con Ciudades Radicales de Justin McGuirk (libro que recomiendo ampliamente) que habla sobre manifestaciones activistas en Latinoamérica de arquitectos, políticos y ciudadanos “normales” hechas buscando mejorar sus ciudades. Inevitablemente, esto me hizo pensar sobre la ciudad en la que vivo.

Mi primo, con quién he estado trabajando este verano, y yo nos dimos la tarea de investigar y reflexionar sobre el enfoque dado a la enseñanza de la arquitectura en las universidades más conocidas de la ciudad, y el ejercicio de la profesión de arquitecto. ¿Qué tipo de edificios y ciudades estamos aprendiendo a diseñar y construir?, ¿en qué parte de la ciudad se está invirtiendo más?, ¿En qué tipo de edificios?, ¿Qué parte de la población tendrán acceso a ellos? Estas preguntas, y muchas otras, tuvieron respuestas que reflejan la realidad de una ciudad dividida, injusta y elitista. Pero lo más impactante, fue darnos cuenta de que, en casi ningún proyecto, incluyendo vivienda, se toma realmente en cuenta al cliente, al usuario… al verdadero protagonista de la arquitectura.

En las publicaciones hechas en archdaily, el famosísimo portal de arquitectura, vemos explicaciones completas de edificios, en su mayoría casas únicamente al alcance económico diminuto porcentaje de la población.  Enfocadas en la espacialidad, la forma, la iluminación, etcétera, etcétera, etcétera… todos, conceptos y elementos del diseño tomados en cuenta para la satisfacción de ese intelectual de la arquitectura que juzgará el proyecto. Pero sin mencionar a las personas que habitarán ese espacio, cómo ellas se han sentido en él, cómo lo han cambiado, cómo fue su participación durante el diseño.

Pero… ¡no todo es horror, desastre y destrucción! Hay personas que se están ocupando en cambiar esto. Antanas Mockus, el personaje súper cívico que fue alcalde de Bogotá y cambio toda la percepción de una ciudad con humor (y mucho cerebro); Milagro Sala y Tupac Amaru en el noroeste de Argentina que han logrado construir más casas en comunidad que le propio gobierno; Oscar Hagerman y su eterno amor por el pueblo mexicano, quién ha viajado por el país escuchando a las personas y trabajando con ellas para la realización de diversos proyectos en ambientes rurales de los que el pueblo se sienta parte; e incluso el muy aclamado Alejandro Aravena, con una propuesta de solucionar el problema de escasez de la vivienda en Chile. Y, por supuesto, Rodolfo Livingston, (también) arquitecto argentino que trabaja a menor escala y en un contexto urbano, quien intenta hacer más felices a sus clientes por el simple hecho de interpretar sus deseos y problemas al momento de diseñar. Y probablemente muchos más, de otras profesiones o sin profesión, de los que no tengo ni idea.

Todas estas personas me llevan a reafirmar algo que creo con todo el corazón. El trabajo del arquitecto es hacer feliz y ESCUCHAR a la persona para la que está haciendo arquitectura. Crear espacios en los que se sientan cómodos e identificados. Somos (o debemos ser) servidores de la sociedad, del pueblo, justo como lo es un doctor o un psicólogo. También creo que somos una profesión necesaria, pero únicamente en este sentido: de ayudar y facilitar la vida de las personas. No en la manera en la que se ha desarrollado la mayor parte de la historia de la arquitectura, que es: demostrar el poder adquisitivo y situación socio-económica de cierta persona o grupo de personas.

Escribo este blog con dos propósitos: que las personas que lo lean sepan que el arquitecto está para servir, no es un lujo. Que, tú, la persona que va a vivir ese espacio ERES LA PRIORIDAD y la razón por la que ese pedazo de construcción va a existir. Y de segundo, una especie de llamado a mis colegas y a mis no colegas. La ciudad está aquí, para ser cambiada e intervenida. Podemos proponer, DEBEMOS proponer. Es momento de despertar a ese abogado/doctor/literato/arquitecto activista que es parte de una comunidad y puede cambiarla.

Así que va, a despertar…

 

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