Roberto López – El discurso que marcó el inicio de mis últimos días en la universidad.

21 de octubre de 2011. Así que disculpen la redacción.

En contexto, no sabía cómo hacer una oratoria y no tenía nada preparado para ese evento, así que escribí lo que leerán a continuación un poco antes de subir al podio. No me dio tiempo ni de aprender a ponerme una corbata en Youtube (no se preocupen, ya lo logré), así que la usé de bandana estilo rambo para decorar mi mensaje. Y porque soy un imbécil de vez en cuando.

El tema sobre el que tuvimos que basar nuestra participación era “Los Valores en las Nuevas Generaciones Universitarias”. Cabe mencionar, que no sabía qué tan decepcionado estaba de mi experiencia universitaria hasta que declaré esto. No hubiera anticipado que sería el catalizador de mi deserción, de una decisión que casi 5 años después, considero una de las mejores de mi vida.

A continuación, el descaro (lo que hice no fue en tiempo y lugar adecuados).

___________

Léase con sarcasmo.

Yo les tengo que hablar de los valores en las nuevas generaciones universitarias.
Estamos bien.

Hoy puedo decir que soy una persona con valores, un ser humano libre y un ciudadano de comportamiento adecuado.

Hace unos años, cuando dejé de ser un niño, entendí que todo lo que tenía que hacer para ser un hombre consistía en un sistema muy sencillo: titularme en alguna universidad reconocida en el ámbito laboral con un número que no me calificara alejado del 100 en un por ciento; trabajar mucho y en mi currículum, demostrarle a todos lo que puedo hacer por ellos. Después, encontrar a alguien igual de valiosa, libre y de historial adecuado, casarme como Dios y el Estado mandan, y poco después, una vez que consiga un empleo seguro y bien remunerado, formar una familia y hablarle a mis hijos sobre esta fórmula infalible en la que manejando todo con maestría, por añadidura, se vuelve lógico obtener las debidas remuneraciones, prestigio y el poder para olvidarse de las restricciones que otras personas que no tienen los pies en la tierra –gente que no es como yo– obviamente debe acatar.

Apegándose a esto, y entendiendo que sólo hay que adaptarse al ambiente (que uno no puede nada más llegar y cambiar), no veo de qué nos tengamos que preocupar; es decir, gente pobre y crisis económicas siempre hay y habrán; lo del medio ambiente, contaminación y esas cosas, la tecnología lo resolverá; la política siempre ha sido una caja de chocolates con relleno ácido que puedes decidir votar o botar; las nuevas generaciones siempre serán más pesadas que las  pasadas; y si te enfermas, pues sólo asegúrate de que una compañía garantice tu salud, ¿también te preocupan esos  criminales sin ton ni son?, ¡sintoniza las noticias! El gobierno los está reformando.

La vida tiene un molde  ¿No lo ven?

Precisamente porque veo, todo lo anterior nos debe sublevar.

Buenas noches tenga la mesa y público en general. Me llamo Roberto López Pineda y sinceramente me equivoque de evento, pero en realidad no vengo por un trofeo, sino para expresarme.  No soy sólo un alumno más de esta universidad –el ID 00041087 con el que me identifican para cualquier trámite–, un elemento valorado por un número en la escala del desempeño académico, y no estoy haciendo un trámite de mi vida.

No vengo aquí a dar un discurso pesimista y exagerado sobre nuestra “época sin valores”, Sócrates es el que quizá haya podido innovar con eso hace 2400 años cuando dijo: “Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”.
Lo cito a él, porque quién mejor que un pensador griego cuando hablamos de la universidad desde su origen? La cual, a pesar de su plaga de majaderos logró sacarnos de las penumbras más vacuas. La universidad en ese entonces no tenía salones y no era para todos, y las clases… no eran para la clase estéril de seres humanos actuales, reproduciéndose prácticamente por mitosis, es decir rápido, rápido y en serie, nada original… ¿Nos hemos puesto a pensar qué es lo que provoca esto? ¿Siempre ha sido así o ha empeorado?

Me encantaría saberlo con certeza, pero denme chance, aún no lo comprendo; lo que sí, es que creo que tiene mucho que ver con algunos cambios como: la velocidad a la que vamos, el orden en el que nos reunimos, el gasto que generamos y el héroe que perdimos… ¿Quieren saber más? La gotera que ignoramos, la promesa que tiramos, la hora tarde que justificamos y el poeta muerto que en nosotros cometió suicidio. Puedo seguir con la lista: el buen ejemplo que no imitamos, la carencia que no llenamos, la sensibilidad que más golpeamos y la apatía que arrastrando los pies…

Disculpen.

Y esto empieza desde que estamos chicos, cuando estamos en primaria nos dicen que se va a poner mas difícil en secundaria; en secundaria, que en prepa; y en prepa que disfrutemos lo que nos queda de vida porque después de la universidad “pues… si vas a vivir cosas increíbles, pero ni comparación”. ¿Nos preparan para resignarnos a partir de esta etapa de la vida?

Me gusta mi universidad, no tiene seriedad de tumba ni informalidad de carnaval. Perdónenme por el balconeo, pero tenemos de todo, apáticos siesteros y hepáticos fiesteros. Es sólo que me preocupa que cada vez más, la universidad se vaya haciendo empresa y nosotros clientes, y es por eso que no está cumpliendo su misión en todos nosotros. Parte de esa misión, es ilustrarnos de manera que todos los problemas que he mencionado, sean atendidos por nosotros, los universitarios. Como decía Herbert Marcus cuando la sociedad parecía haberse desbocado: “El único sector que puede hacer una cambio, son los universitarios”. Hace varias décadas lo entendieron y surgieron muchos movimientos revolucionarios importantes; y aunque mataron a muchos, las ideas fueron a prueba de balas.

Ahora la única revolución de la que muchos somos parte,  es la de los usuarios de Blackberry que simplemente no podemos concebir que nos dejen sin servicio; es decir, si pagamos por un servicio para chatear, ese servicio no se puede caer aunque ya no se dé abasto! No, no y no.
Estamos muy molestos con las atrocidades que suceden en el mundo, y por eso tenemos que publicarlo en Twitter y Facebook, para que los likes de todos nos hagan el milagro de mostrarle a los gobiernos que estamos molestos y dispuestos a darles unfollow.
No somos capaces de ver el mundo fuera de una pantalla, no somos capaces de exigir lo que nos corresponde y sembrar algo nuevo.
Nos ajustamos al protocolo porque eso es lo que tenemos que hacer, a eso venimos.

Pero no sólo los alumnos, también son las universidades. Ni siquiera confían en nosotros. No tenemos universidades sustentables. ¿Qué pasaría si el diseño del nuevo edificio se lo dejáramos a nuestros arquitectos e ingenieros? ¿Qué pasaría si nuestros docentes fueran evaluados por nuestros pedagogos y psicólogos?
¿Qué tal si en lugar de usar nuestras manos para aplaudirle a los alumnos explotados y recompensados con trofeos y pedazos de papel (diplomas), no las usamos para ayudarles realmente a cumplir con sus metas? Porque esos
aplausos se han llegado a sentir como una cachetada. ¿En lugar de usar nuestros ojos para criticar al que no sabe atarse la correa -perdón, corbata- no los usamos para ver sus cualidades?
______ Conclusión.

Este discurso no representa mi orden de ideas actual, pero mucho de lo que pensaba en ese tiempo me parece vigente (quizá no podamos decir lo mismo de Blackberry, ja). Hay una carencia, principalmente, de voluntad por proveernos de formación útil por nuestros propios medios. No dejé la universidad porque fuera flojo, de hecho tenía beca y un excelente promedio; además de ser participativo y dirigir comités estudiantiles –sin grilla–, logré sentar las primeras bases de lo que hoy es mi empresa. Dejé la universidad porque mi costo de oportunidad era demasiado alto, las cosas que dejaba de hacer eran más valiosas que lo que estaba haciendo ahí, a pesar de aprovechar todo lo que podía.

Un lustro después, me encuentro trabajando en un proyecto de educación alternativa al que no le haré publicidad por este medio –tiempo y lugar, Roberto–; sin embargo, a pesar de mis problemas particulares con esa universidad (a la que no menciono para que esto no parezca un ataque público), he aprendido a no desestimar todo el sistema educativo, creo que hay gente que puede beneficiarse de éste, y quienes podrían arruinarse por completo. Dependiendo de lo que quieras hacer, debes de buscar un sistema a la medida (o crearlo) a sabiendas de que hay más de un camino para lograrlo, y ninguna institución te dará la seguridad que un título proveía hace 20 años.

No se trata de buscar una solución simple, la respuesta no sale de la disyuntiva “universidad o no universidad”, hacer preguntas simples provee resultados incompletos. Pero una cosa sí sé, si mi negocio quebrara mañana, lo último que haría sería buscar un trabajo que un título pudiera “asegurarme”.

La gente me decía “es que nunca sabes” refiriéndose a “las vueltas que da la vida”, yo les digo que ese es su problema, no el mío. Precisamente porque sí sé, y sé lo que quiero, buscaré la manera, estén o no de acuerdo.

Roberto López Pineda

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