Nada como una buena cerveza

Para el elefante del día de hoy, a medio día comencé a escribir sobre un tema que ha rondado por mi cabeza por algún tiempo: las horas de trabajo. Parece tonto, pero al fin y al cabo la mayor parte de nuestra vida útil (no contemos mientras dormimos o comemos) son horas de trabajo, por tanto, hay muchos puntos que discutir y reflexionar sobre el tema:

  1. Comparar las cantidad de horas promedio que se labora en México con las de otros países de la OCDE (México es el país que más horas/hombre trabaja en la OCDE con un impresionante record de 2237 hrs. al año, mientras que países como Alemania, Noruega y Holanda laboran alrededor de 1400 [al parecer las horas de trabajo tienen poco que ver con la productividad]).
  2. Discutir sobre cómo las empresas con largos horarios de trabajo son menos productivas (saber que tienes más tiempo para alcanzar una meta probablemente haga que te tomes más tiempo del que necesitarías y desperdicies tiempo).
  3. Analizar cómo los escasos 6 días de vacaciones que nos garantiza la Ley Federal del Trabajo son totalmente insuficientes ­ e incluso afectan negativamente a la economía (tomemos en cuenta que los días que se piden de vacaciones son empleados por muchos para ver pendientes de la vida diaria y que países como Finlandia dan 5 semanas de vacaciones al año).
  4. Preocuparnos por cómo la tecnología dejará a miles sin empleo y argumentar que una jornada laboral de 3 días, como la que propone Slim, no es tan alocada (sólo piensen en los trabajos que se perderán masivamente cuando los coches y camiones se manejen solos).

Trabajando en un despacho en donde no es raro que la gente tenga días laborales de 7 am a 12 am, es natural que estos temas den muchas vueltas en mi cabeza y que tenga ganas de discutirlas. Sin embargo, el día de hoy, saliendo del trabajo fui al super y, entre otras cosas, me compré una cerveza de trigo Erdinger (de mis favoritas), regresé a mi casa y al terminar de guardar en la alacena el resto de mis compras, me dispuse a beberla en la pequeña terraza que tengo en la casa que rento en la Ciudad de México.

Al final, el suave paso de las burbujas por mi garganta, las notas cítricas resultantes combinación del lúpulo, la levadura y el trigo y esa espuma blanca que desaparece dejando una ligera cubierta de espuma en el vaso, me impidieron continuar pensando en las horas de trabajo, me sentí en paz, me sentí feliz.

Ese breve placer, me alejó de pensar en el tema que tenía planeado para hoy y me inclinó a reflexionar sobre otro tema que ya tenía muy olvidado, un tema que antes era parte de mis convicciones más arraigadas y que ahora prácticamente no lo aplico en mi vida, “uno sólo necesita de uno mismo y de Dios para ser Feliz, independientemente de las circunstancias”.

Independientemente que creamos en Jesús, Alá, o en Buda, yo creo que todos podemos coincidir que hay un estado del ser que nos hace sentir plenos, que nos hace sentir parte de algo más grande, sentirnos vivos. Al ejercicio y práctica de ese estado le llamamos espiritualidad y de alguna forma la había tenido muy olvidada éstos últimos meses.

Uno de los detalles de la vida que más me han llamado la atención es cómo ciertas personas pueden ser plenos y felices viviendo en una cueva a base de arroz o mientras atraviesan una dura y dolorosa enfermedad, y por otro lado cómo personas con todas las comodidades pueden ser miserables, para mí, esa ironía de la vida siempre ha sido la prueba de que la plenitud y la felicidad no dependen de las circunstancias en las que vive uno mismo, sino que dependen de uno mismo y la forma en la que uno pueda vivir cierto tipo de “espiritualidad” (de la forma en la que se manifieste en cada uno, yo creo que la espiritualidad viene en distintas formas y colores).

En fin, creo que después de varios meses de tener olvidado este aspecto de la vida, es hora de redescubrir la espiritualidad. Curiosamente una cerveza fue la que me está llevando nuevamente a querer ir descubriendo y experimentando lo que me hace pleno más allá de mis circunstancias, supongo que en este camino me tendré que beber muchas más.

Nota: Por equivocación escribí este post el día de ayer, en realidad en estos momentos no estoy en mi casa, estoy en la oficina, y al parecer seguiré acá un rato más (son las 11:22 pm del miércoles), sin embargo, supongo que está en mí cómo vivo esas horas de trabajo. Si alguien puede ser pleno en una cueva comiendo arroz yo creo que también puedo serlo en una oficina con cervezas en el refrigerador a mi entera disposición.

Les deseo una semana plena (:

Ricardo Juanes

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