¿Débil o sólo ser?

Casi parece excusa de pareja infiel, pero “no quería y …pasó”, es la línea más utilizada por todas las personas y no únicamente para la misma situación o en un sentido negativo. Sin embargo, es de humanos inclinarse a lo peor y considerar que hemos perdido algo (la moral, el autoestima,el respeto, la sensatez…) cuando terminamos por dejarnos ser.

Gracias a la mujer manos de tijera más bella y talentosa que conozco, las últimas semanas me he conciliado con la televisión y dejado absorber por la serie “Orange is the new black”, la cual gira alrededor de una chica viviendo la “vida perfecta” cuando súbitamente es  visitada por su pasado rebelde y delictivo que la lleva a ser condenada a un año de prisión. Meses (muchos) atrás, había visto el primer capítulo de la serie sin llamar suficiente mi atención. No obstante, si se quedaron como yo, les invito a que le den una segunda oportunidad.

Así las cosas, esta serie muestra más allá de las risas y las historias que las llevaron a ser convictas, un poco del punto máximo al cual llegan las personas en el algún momento de sus vidas y sin necesariamente encontrarse tras las rejas: Entregarse a la “vulnerabilidad”.

Por “vulnerabilidad” me refiero a cuando uno se deja llevar en el límite de una situación amorosa, depresiva, familiar o sexual, y termina actuando de maneras que no imaginaba, no quería, podía (inventemos la excusa)…

Pero, ¿esto es signo de debilidad?, ¿es una abierta declaración a la rendición de deseos y caprichos?, ¿una salida fácil?, ¿un “lapsus mensus” –tontería-?

En una que otra reflexión, he encontrado que siempre nos enfrentamos al debate moral interno de encasillar nuestros actos en buenos o malos. Así somos, tenemos una tendencia a determinar hasta las células y ponerle categorías a los objetos, las personas, los momentos: No nos cabe pintar fuera de las líneas sin reparar el por qué lo hicimos, si debimos o si podemos remediarlo.

Tachamos y colapsamos cuando no nos ajustamos a la etiqueta o vemos a otros hacerlo. Incluso, batallamos en el día a día para no dejar aflorar y fluir nuestro más puro sentir y deseo, asumiendo que es peligroso e incorrecto (cuando en realidad lo es tratar de callar quienes somos y queremos ser).

Entiendo que vivimos en una sociedad y hay reglas que deben respetarse precisamente para garantizar la armonía y la mejor convivencia, pero aún me carcome el reconocimiento social  bajo el adjetivo de “débil” que se le da a quien se deja SER, en sus términos y condiciones sin afectar de manera REAL a terceros.

¿Somos tan intolerantes y desafortunados que sólo somos del todo hasta que el vaso se derrama o existe un pretexto ?

Creo que vale la pena ser llamado  “débil” para poder ser.  Y es triste, que  como dice la comunidad trans,  “nacimos en una sociedad equivocada”; en una que prefiere “corazón que no ve, corazón que no siente” y “por debajo de la mesa” como modus vivendi.

 

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