Homosexuales, ¿los nuevos negros? Homonomio ¿negrimonio?

La piedra angular sobre la que descansan todos los derechos es el reconocimiento de que todas las personas, sin importar sexo, raza, origen étnico, religión…u orientación sexual, somos iguales. Sin embargo históricamente se han utilizado argumentos discriminatorios para prohibirle derechos a diversos grupos sociales: para prohibirle el voto a la mujer, esclavizar y marginar a los afroamericanos e incluso asesinar a los judíos.

No de a gratis el primer artículo, tanto de la Constitución, como de la Convención Americana y de la Declaración Universal de Derechos Humanos, consagra el derecho a la igualdad y a la no discriminación. A fin de cuentas solo es posible concebir la existencia de derechos humanos si nos reconocemos como iguales. En ese sentido, cuando un Estado le niega esa igualdad a determinado grupo de personas, está negando también la nota más esencial lo que nos une como sociedad.

Nos han dicho hasta el cansancio que el que no conoce su historia está condenado a repetirla. Al parecer no hemos logrado asimilar esa frase, nos hemos olvidado de mirar hacia atrás para determinar cómo ir hacia adelante. Increíblemente los mismos argumentos que se utilizaron hace 60 años para justificar la marginación de los afroamericanos en Estados Unidos, son los que se han utilizado hasta el día de hoy para privar de sus derechos más elementales  a las parejas homosexuales:

1.- Los homosexuales son mucho más promiscuos y sus relaciones son menos estables:

En Estados Unidos siempre ha existido la percepción de que en los vecindarios de afroamericanos hay un mayor índice de delincuencia. Hace 50 años la población blanca estadounidense  se explicaba esta situación argumentando que genéticamente los negros eran más violentos y propensos a cometer delitos que los blancos por los que se les debía tratar diferente, establecerles restricciones y darles menos derechos. Al día de hoy ese argumento nos parece abominable, ahora entendemos que si han exisitido mayores índices de violencia en colonias afroamericanas es por una serie de causas estructurales como la falta de acceso a una educación y a servicios públicos de calidad, jamás se nos ocurriría emitir una ley que les diera menos derechos a los afromericanos bajo la premisa que se sostenía en Estados Unidos.

De la misma forma tendríamos que explicarnos la supuesta promiscuidad e inestabilidad de las parejas homosexuales. Como un compañero de Naciones Unidas alguna vez me dijo, personas que se ven obligadas a esconder su orientación sexual y sentimientos durante años por la presión social y el rechazo que sufren de la sociedad, difícilmente pueden llevar una vida o relación normal con una pareja, independientemente de la orientación sexual. La mayoría de problemas que nosotros les achacamos a las personas homosexuales, como con los afroamericanos, (i) o son falsos, o (ii) tienen más que ver con  la discriminación estructural de la cual son víctimas que con su genética.

2.- No es natural. Dios nos hizo hombre y mujer por naturaleza. El matrimonio por definición es entre un hombre y una mujer

En Estados Unidos hasta la década de los 60´s estaba prohibido el matrimonio interracial, por más absurdo que parezca no fue hasta 1967 que el Tribunal Supremo de Estados Unidos declaró inconstitucional esta prohibición en el histórico caso Loving vs Virginia.

Me permitiré citar un fragmento de la resolución del Juez que declaró en primera instancia la validez de la prohibición del matrimonio interracial:

“Dios todopoderoso creó las razas blanca, negra, amarilla, malaya y roja, y las puso en continentes separados. Pero las interferencias en su disposición no son motivo para este tipo de matrimonios. El hecho de que separara las razas indica que no pretendía que se mezclaran”.

¿Les suena familiar este argumento? Independientemente de cual haya sido históricamente la definición del matrimonio, todas las instituciones jurídicas evolucionan a través del tiempo y más, su evolución se vuelve imperativa cuando restringen derechos humanos a ciertos grupos en base a perjuicios discriminatorios.

La Suprema Corte ya ha determinado que la finalidad del matrimonio no es procrear, muchas parejas pueden decidir casarse y no tener hijos o se casan y no pueden tener hijos, ahora entendemos que la finalidad del matrimonio es la búsqueda de una vida en común basada en una relación afectiva, más allá de la procreación. Bajo esta definición no, hay ninguna diferencia relevante entre parejas del mismo sexo y las parejas heterosexuales por lo que no hay justificación para dejarlas fuera del matrimonio.

3.- “Se puede crear una institución similar pero que no sea la misma”

En Estados Unidos se argumentaba que no era discriminatorio tener en escuelas separadas a los blancos de los negros, pues al fin y al cabo ambos grupos accederían a la misma calidad de educación solo que de forma separada.

En el caso Brown vs Board of Education la Corte suprema nortemericana sostuvo que la segregación de los niños en las escuelas públicas basada únicamente en la raza vulneraba el derecho a la igualdad ante la ley, independientemente que las instalaciones y otros factores tangibles fueran iguales en las escuelas de niños negros. La Corte Suprema norteamericana evidenció que la diferenciación implicaba decir que los blancos eran diferentes a los negros, generaba un sentimiento de inferioridad racial en los niños afroamericanos y perpetuaba ciclos de discriminación en lugar de erradicarlos.  Esta doctrina se le conoció como “separados pero iguales”.

Si se niega el acceso al matrimonio, y se crea un régimen jurídico diferenciado al cual puedan optar las parejas homosexuales en lugar de casarse, incluso si la figura en cuestión tuviera los mismos derechos que el matrimonio, estaríamos cayendo en el supuesto de “separados pero iguales”, implícitamente estaríamos diciendo que no las parejas homosexuales no son igualmente sujetos de derechos y se perpetuarían ciclos de discriminación existentes hacia los homosexuales.

Hace poco escuche a alguien proponer crear la figura del “homonomio” para las parejas homosexuales, esa propuesta se me hace tan absurda y discriminatoria como proponer crear el “negrimonio” para las parejas afroamericanas, o el “binomio” para las interraciales.

4.- ¿y los niños? Serán discriminados y se violentarían sus derechos

Decir que los hijos de parejas homosexuales serían discriminados es un argumento recurrente en contra de la igualdad. Sin embargo, dicho argumento es sorprendentemente igual a la que se usaba en Estados Unidos para oponerse a la adopción o custodia por parejas de distinta razas. Se señalaba que el niño sufriría una discriminación y sufriría en virtud de la persistencia de los prejuicios raciales, se preguntaban ¿qué culpa tenía el niño de la condición de sus padres? y negaban que se adecuada la adopción interracial. La respuesta de la Corte Suprema de ese país, en el llamado caso Palmore vs Sidoti de 1984, es impecable: la ley no puede evitar los prejuicios privados pero no debe tolerarlos, ni reforzarlos, sino combatirlos.

No debemos olvidarnos que el papel del derecho es reducir discriminaciones y no perpetuarlas. Prohibir a las parejas del mismo sexo adoptar únicamente perpetúa los círculos de viciosos de discriminación existentes en lugar de empujar a la sociedad a la igualdad y la tolerancia.

En ese sentido la Corte IDH en el caso Atala Rifo v Chile señaló que no es válido usar como pretexto la discriminación para discriminar.

A veces, para resolver los problemas que afrontamos, tan sólo hay que mirar atrás.

Espero comentarios y debate acá abajo. Compartan (:

Ricardo Juanes

Pdt. para entender la visión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos: https://elefanteenlasalablog.wordpress.com/2016/07/21/el-matrimonio-homosexual-no-es-un-derecho-tribunal-europeo-de-derechos-humanos/?iframe=true&theme_preview=true

 

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5 pensamientos en “Homosexuales, ¿los nuevos negros? Homonomio ¿negrimonio?

  1. Aunque aún difiero en el punto sobre la adopción, pienso querido sobrino (no pude resistir la tentación de preumir que soy tu orgullosa tía) este artículo es un análisis conciensudo y muy atinado. ¡Que refrescante es leer a una generación que ha dejado de ser “educados por sus padres” para pasar a ser “educadores de sus padres”! Yo llevo ya algún tiempo inscrita a esta escuela de la juventud y no dejo de admirarme y sorprenderme. ¡Gracias Rich! Temsigo con devoción y admiración.

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  2. Me gustó y mucho. Buena información, muy bien sustentado y la redacción sencilla y muy clara.
    Felicidades y sigue promoviendo la inclusión y la tolerancia en la sociedad.

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  3. Me encantó primo. Aunque el tono es objetivo y serio, con la analogía pones en evidencia lo retrógrada y preocupante de sostener esos argumentos en contra del matrimonio igualitario. Ojalá no solo lo leamos los que ya estamos de acuerdo contigo, porque no veo cómo alguien que está en contra del matrimonio gay podría leer tus argumentos y no, por lo menos, cuestionarse su opinión.

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  4. Me encantó este artículo. Yo estoy a favor de lo llamamos “matrimonio gay”, sin embargo, me inquieta el asunto de los términos que utilizamos o pretendemos utilizar. Aunque tal vez es la parte más metodológica y frívola, creo que sería un error subestimar el poder de las palabras. Por lo tanto, considero prudente esclarecer desde una aproximación etimológica qué es lo que definimos con tal o cual término.

    Entendemos por discriminación aquello que atenta contra la dignidad humana y los derechos que la misma implica; independientemente de todo lo que una persona pueda ser o no ser. Es decir, todo trato distinto que perjudique a una persona por motivos raciales, religiosos, de género, etc. Dicho lo cual, considero que ningún ser humano ha de ser discriminado por ningún motivo.

    Cuando hablamos de identidad humana hablamos de cuatro elementos: igualdad, diversidad, unicidad y unidad. Igualdad en cuanto a dignidad y derechos. Diversidad en tanto que tenemos a ciertas cualidades. Unicidad en tanto que únicos. Y unidad como raza humana que comprende los tres elementos anteriores en cada uno de sus individuos.

    Habiendo establecido esto, creo que es importante decir que el hecho de afirmar que algo es “distinto” no es discriminar. Si así lo fuera, el hecho de que existan seres humanos “hombres” y seres humanos “mujeres”, tendría que considerarse discriminación. Creo que este es un punto que la comunidad LGBT fortalece desde el planteamiento de su nombre: “Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales”, es decir, “sí, somos distintos”. Y ser “distintos” no es motivo para ser “discriminados”. La comunidad LGBT se autodenomina así, y lo hace orgullosamente. Ni más ni menos: distintos. Al final somos “ser humano hombre”, “ser humano mujer”, “ser humano hombre gay”, “ser humano mujer lesbiana”, etc. Y todos igualmente valiosos.

    A estas distinciones podríamos sumar las de raza, como “ser humano hombre negro gay”; y esta no sería una denominación discriminatoria sino distintiva. Un ser humano de fisiología femenina, de raza negra, y orientación sexual homosexual; es igualmente valioso que un ser humano de fisiología masculina, raza blanca y orientación sexual heterosexual. Yo no hallo en estos nombres discriminación alguna. Más bien considero que son mera descripción que lleva a distinciones que no alteran la dignidad humana.

    Tal vez, es mi fascinación por el lenguaje la que me lleva a prestar mucha atención a la polémica sobre el término que se utilice, al punto de quere hacer una aproximación etimológica. Me llama la atención en este artículo la equiparación de “negrimonio” y “homonomio”, y de “homonomio” y “matrimonio”. Para hacer mi análisis más sencillo, voy a poner los términos en parejas:

    Por raza:
    Negrimonio: “hombre y mujer negros unidos”.
    Blanquimonio: “hombre y mujer blancos unidos”.

    Entonces: no encuentro esta distinción particular discriminatoria. Tampoco equiparable a “matrimonio” dado que no abordan el mismo aspecto humano. “Negri” sugiere una cuestión de raza, no de género. Y además, no implica racismo, así como tampoco lo implica “blanqui”. Simplemente indica raza.

    Por orientación sexual:
    Homonomio: “hombre y hombre unidos”/ ”mujer y mujer unidas”.
    Heteromonio: “hombre y mujer unidos”.

    Entonces: esto tendría sentido, y no tendría por qué dar pie a ningún tipo de discriminación, así como no lo dan las palabras “homosexual” y “heterosexual”.

    De “monio”: viene del latín “munia-um” y significa “función”, “cargo” o “calidad de”. Dicho esto, tal vez no la terminación más acertada cuando hablamos de parejas, pero por lo pronto para no complicarme más de la cuenta y considerando la palabra “matrimonio”, lo dejo.

    Ahora: si quisiéramos hacer lo mismo con la palabra “matrimonio” tendríamos que hablar también de “patrimonio”:

    Matri→ Madre. Monio→ Calidad de.
    Matrimonio→ Calidad de madre.
    Sin embargo: el término cambia a lo largo de la historia y se convierte en “mujer y hombres unidos”.

    “Patri”→ Padre. Monio→ Calidad de.
    Patrimonio→ Calidad de padre.
    Sin embargo: el término cambia a lo largo de la historia y se convierte en “bienes materiales”.

    Estas dos palabras traen consigo una inmensa carga histórica, desde mi punto de vista sexista, que es preciso se estudie meticulosamente por lingüistas experimentados.

    Dejando a un lado el término “patrimonio” para no complicarme más; creo que es acertado decir que la etimología del término “matrimonio” se ha visto alterada con los años. Se podría alegar que la palabra inicialmente hace más bien referencia a “matriz” que representa “hogar” (cosa que la haría apta para todo tipo de familia); o que “capacidad de madre” implica “capaz de procrear” (cosa que favorecería a quienes quieren dar a la “familia tradicional” la exclusividad del término). Lo único que puedo decir con seguridad es que es una palabra que se presta a muchísima confusión. Tal vez, lo mejor para la claridad sería replanteárnosla.

    Existe la posibilidad de que no veamos la polémica en torno al término como un punto de partida para la discriminación; sino como un punto de partida para rebobinar. Hace mucho que el término cambió. Estoy segura de que alguien más preparado que yo puede aclarar este punto; y entonces podríamos determinar cuál es la forma correcta de hacer distinciones sin discriminar.

    Ser distintos es motivo de celebración, no de violencia. Así como yo celebro mi heterosexualidad, celebro la homosexualidad de otros. En lo personal, creo que el término “unión” es uno en el que cabemos todos, y no veo problema en que por motivos de meticulosidad lingüística se busquen términos para precisar la naturaleza distinta de cada pareja (porque no, no creo que haya parejas más naturales que otras). Yo considero que mi unión con un hombre es tan valiosa como la de dos mujeres, dos hombres, etc. Sin embargo, las entiendo distintas. Condenar lo distinto sería condenar lo diverso, y creo que hacerlo sería incongruente con la idea de equidad.

    Entiendo que este tema nos puede resultar incómodo porque es llevado a prácticas sociales. Tomando el ejemplo de la escuela, a la cual pueden acudir “igual pero separados” niños blancos y negros, sé que el asunto de los términos nos puede llevar a sentir emociones negativas. Mi apuesta a la aclaración de las palabras no busca discriminar a ningún tipo de pareja sino simplemente igualarlas a todas en su condición de pareja y distinguirlas en su condición particular. Todo ello, en pro de esclarecer el tema y poder dar al cambio que se quiere fundamento.

    A modo de ejemplo sobre lo que puede influir este esclarecimiento quiero poner la formación de una familia (aunque en lo personal no tenga aún postura definida por falta de criterio). Empecemos por decir que vivimos en una sociedad donde quien nace fuera de “matrimonio” es un “bastardo”, donde a la capacidad de mamás y papás solteros es puesta en duda y donde la posibilidad de una “familia natural” (y “buena”) depende de la existencia de un “matrimonio” aún casado que cumpla con N requisitos para con el otro y sus hijos. El término “matrimonio”, para mi gusto etimológicamente sexista, determina “el mejor modelo familiar”. Y así es como construimos toda una sociedad cuyo núcleo, la familia, empieza por un “matrimonio”.

    Este argumento no pretende retrasar los avances que se buscan para la comunidad LGBT. Ni entorpecerlos, ni ponerlos en tela de juicio. Sencillamente, considero prudente cuestionar los cimientos sobre los cuales queremos construir más y mejor. Porque unas cosas van llevando a otras, y es necesario tener consciencia de cuáles son las causas y cuáles son las consecuencias, positivas o negativas.

    Si algo he aprendido, es que las palabras se convierten en acciones y son poderosas. Son la herramienta de pensamiento por excelencia. Creo que para argumentar es esencial que cada palabra tenga un significado claro, porque si le damos mil sentidos a una palabra podemos acabar perdiéndolos todos. No digo que la terminología sea el aspecto más importante de este asunto. Pero si es esencial para poder solidificar cualquier ideología, incluida la de género. La meticulosidad es importante en cualquier proceso de cambio o de evolución. Y con el lenguaje, que es pensamiento que abre la posibilidad de acción, es crucial. Creo que esta evolución social de la cual la tolerancia y el diálogo son motor, no debe dejar de lado al lenguaje. Si queremos conclusiones determinantes que nos ayuden a definir teorías y prácticas para poder o no validarlas, hemos de acudir a la lingüística.

    El punto es que si vamos a cambiar el mundo, deberíamos cambiarlo bien.

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