Dar o no dar

Hace unos días me pasó algo muy curioso mientras acompañaba a mi abuelito a su misa de 7 pm. No había dado ni dos pasos fuera del coche y una señora, de vestimenta sencilla, tez morena y notablemente triste, me pidió que le comprara un pay de queso, el cual ella misma había cocinado. Al principio le dije “no gracias, tengo prisa”, a lo cual ella insistió y agregó que era para recaudar fondos para la operación de su mamá el día de mañana. Ella necesitaba 600 pesos para poder cubrir los gastos. Como paréntesis, yo normalmente no tengo nada de efectivo porque soy el tipo de persona que lo gastaba a lo loco, pero casualmente ese día sí tenía.


Con el corazón achicopalado por su historia, decidí comprarle uno, pero justo antes de irme me vuelve a abordar para pedirme, esta vez utilizando una voz un poco más triste, algo más de dinero para ayudarla. Dude, honestamente sí tenía un poco más pero, ¿qué tal si esta señora me estaba engañando?

Ese mismo día un amigo mío me contó una historia similar: un compañero suyo trabajaba en una asociación civil que se dedicaba a apoyar económicamente, materialmente o de la manera que fuera a personas que lo necesitaran. Un día un señor se le acercó y le rogó que necesitaba cierta cantidad de dinero también para una operación de un familiar, pero el dinero lo necesitaba ese día en ese momento. Normalmente para poder apoyar se tienen que pasar una serie de filtros , pero casualmente ese día él tenía acceso al fondo por lo que, conmovido por su historia, decidió ayudar. Sin embargo, eran tantas sus ganas de apoyar que se ofreció a llevarlo, él mismo pagarle al doctor y ver si se necesitaba algo más. El señor accedió y cuando llegaron a la clínica le pidió que le esperara porque iría a buscar al médico. El señor nunca volvió.

No hay nada que me moleste más en este mundo que las personas que se aprovechan de los que están dispuestos a ofrecer su ayuda. No por el hecho de que sea un desperdicio o dinero perdido o lo que sea, si no por el hecho de que gracias a ese tipo de personas uno ya no confía y duda cuando alguien que realmente lo necesita se acerca.

Soy de la creencia de que uno, si está en sus posibilidades claro, debe de dar y ofrecer sin esperar nada a cambio. Confío en las personas, en la bondad que habita en ellas, difícilmente me cuesta pensar mal, por lo que siempre me han etiquetado como ingenua que no conoce la cruda realidad del mundo. Cada uno tiene que verse por sí mismo y son pocos los que están dispuestos a ver por los demás, pero con actos como estos, los pocos que quedamos nos tambaleamos y antes de ofrecer siempre dudaremos.

Espero no mal interpreten este post, solo estoy exponiendo un punto que me frustra mucho. Sé que no todos opinan ni actuarían como yo y no necesariamente está mal, todos tenemos maneras diferentes de ver las cosas. Reflexionando mucho, después de todo mi conclusión fue: haré lo que me nazca y al final el único capaz de juzgar es otro.

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