Dos historias de AMOR

El domingo por la tarde, a eso de las 18 horas, fungía como copiloto de Fernanda. Regresábamos de un precioso día en la costa yucateca. Atrás iban Mabel, Guillermo y Mauricio. Ella miraba su celular, ellos dormitaban un poco. La playa nos había regalado colores preciosos, pero el sol y el viaje amodorraban. Cantábamos a Miguel Bosé y a Shakira. Yo era feliz. Carretera, atardecer, amigos, lluvia ligera. Me dije: eres feliz, aquí se está muy bien, como si me diera un gran abrazo. De repente, Mabel se mostró sorprendida: había leído algo preocupante en su pantalla. Así fue que, bajándole un poco al sonido, nos enteramos de la masacre en Orlando, de los atroces titulares en periódicos, de las balas horrísonas, del odio. El odio fracturó un día genial, llegó para doler como las espinas o el cristal en los pies, tuvimos miedo. Llegué a casa consternado, triste, a leer los periódicos, a mirar el Facebook, nuestro contemporáneo vitral del mundo, cuarteado con noticias cada vez más indignantes, con opiniones y habladurías sólo marcadas por la desinformación, el abandono al prójimo y la desesperanza. Escuché a mis papás llegar de misa y salí a saludarlos bañado en llanto. Temblamos Adriana, ellos y yo.

Empecé la semana sin ánimos y con los días se fueron acumulando más piedras en el zapato que no iban a llevar a un viernes productivo. No obstante, encontré la motivación para escribir de lo siguiente en medio de un mundo que está cada vez más roto. A razón de los álgidos debates que se están suscitando en México-Yucatán-Mérida respecto al matrimonio igualitario, la adopción homoparental y, más recientemente, las manifestaciones con carteles de “No a la ideología de género en las escuelas” y declaraciones como “Quieren hacer niños a las niñas y niñas a los niños” a raíz de la visita del presidente a la ciudad, hoy quiero compartir, como anuncia el título, dos historias de amor. Escribí un inbox a Carlos Briceño y a Criseida Santos, a quienes considero mis amigos, a pesar de no haber convivido presencialmente con uno, ni el tiempo que quisiera con otra, y les solicité que colaboraran conmigo en la redacción de un artículo en el que compartieran un poco de su testimonio de vida en pareja, la concreción de su matrimonio y su experiencia como formadores de una familia homoparental o lesbomaternal. A Carlos lo comencé a seguir en redes sociales porque admiraba sus fotos con su marido y sus hijos, me hacían (me hacen) soñar con lo que quiero para mi vida. Luego nos agregamos a Facebook y hemos conversado en algunas ocasiones. A Criseida la conocí este mes de abril, en El Paso, Texas, durante un congreso de Literatura en UTEP.

Sí: Carlos está casado con Eric, y juntos son papás de Sebastian y Sienna; Criseida está casada con Ana, y juntas son mamás de Diego y Santiago. Pero antes de comenzar, me gustaría aclarar que con estos dos ejemplos no se pretende aquí convencer con casos particulares u obligar a nadie a cambiar de opinión. No. Si realmente te interesa conocer un poquito de sus historias, porque puedes compartir sus alegrías, continúa leyendo. De lo contrario, que tengas un chulo fin de semana. Ellos muy amablemente contestaron mis breves preguntas, y sus respuestas deben ser respetadas como toda opinión que tengan las partes en este diálogo. Confieso que me entregaron mucha información, la cual he reescrito para contarles pequeños fragmentos de sus historias.

Por un lado, Ana y Criseida se conocieron en la prepa, en 1994, cuando tenían 15 y 16 años respectivamente. Ambas vivían en Monterrey, NL. Actualmente Ana está por titularse como Maestra en Estudios de la Mujer por la UAM Xochimilco, y Criseida estudia el segundo año de un MFA en Escritura Creativa en El Paso. “Nuestra historia y amistad fue creciendo y madurando a través de experiencias y viajes que compartimos durante todos los años posteriores en la carrera. La conocí en las etapas más diversas. Cuando tenía frenos y usaba unos lentes enormes, cuando empezó a trabajar, cuando entró a Arquitectura y conoció a su primer novio” escribe Criseida, quien declara haber tomado, en 2003, una de las decisiones más importantes: irse a vivir a la Ciudad de México con la que se convertiría en su compañera de vida. Por otro lado, Carlos es fotógrafo de profesión (aunque ahora se dedica al cuidado de los niños) y Eric trabaja en estrategias de mercado para Pinterest. Se conocieron en Puerto Vallarta, ambos celebrando el año nuevo con sus respectivos amigos: “Durante un par de días nos vimos en intercambiamos miradas hasta que uno de mis amigos fue a hablar con él para presentármelo” me dice Carlos. Ese primer encuentro, y muchas otras vivencias juntos, los llevaron a casarse en San Francisco en 2013, año en que se aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo en Estados Unidos. “No tuvimos dificultades para casarnos ya que su familia y la mía nos apoyaron siempre”. 

Al respecto de la paternidad y maternidad, ambos me platicaron…Carlos: “Jamás pensé que pudiera llegar a ser papá. No porque no me gustaran los niños, pero simplemente porque pensaba que la única forma de ser padre era casándome con una mujer. Cuando conocí a Eric, él abrió esa puerta. Al comienzo de nuestra relación me había hablado de sus planes de ser padre y me preguntó que qué pensaba al respecto. La idea me encantó. Nuestros hijos tienen ahora 3 años. Ellos nacieron cuando Eric y yo teníamos 5 años de vivir juntos. El camino para convertirnos en padres fue largo y en ciertos momentos triste. Al principio queríamos adoptar, pero por ser una pareja del mismo sexo nuestras posibilidades se veían reducidas a casi cero. Así que decidimos tener una donante de óvulos y un vientre de alquiler”.

Criseida: “el año en que empezamos a andar me dijo muy seria: ‘Nada más que tienes que tomar en cuenta que quiero tener hijos’. Me quedé con la boca abierta. […] Me dijo que ella iba a tener hijos, que era una intención muy seria en su vida. Que le gustaría tenerlos y criarlos conmigo. En el fondo de mi corazoncito siempre quise tener hijos, sólo que tenía un miedo profundo de repetir esquemas y patrones. Tenía miedo a ser como mi madre había sido conmigo y no quería arruinarle la vida a un ser inocente. […] Nos sentamos un nueve de febrero de 2005 en el consultorio del doctor y dijimos sin rodeos: ‘Queremos tener hijos’. […] Nos dijo que sí era posible. Nos dio una lista de exámenes médicos y un presupuesto aproximado. Ahorramos durante todo ese año y volvimos en diciembre para iniciar el proceso”.

Consideré pertinente preguntarles, a cada unx, sobre los roles que desempeñan para con sus hijos. Criseida:“Roles nada más los de canela. Tratamos de mantenernos lejos de esa palabra para evitar confusiones. En nuestra familia hay dos mamás y hacemos lo que hacen las mamás: cuidar, procurar a los hijos, educar, regañar, alimentar, etc. Ana es Mami y yo soy Mamá. Fuera de eso, nos repartimos las labores de crianza y cuidado de forma equitativa”. Carlos: “Tenemos cuates, un niño y una niña, así que en mi casa hay juguetes de todo tipo. Jamás hemos querido inculcarles que el azul es para los niños y el rosa para las niñas. De modo que mi hijo algunas veces se pone la corona y zapatillas del disfraz de Elsa (de la película Frozen) y camina por la casa con ellos. Ahora tuvimos que comprar dos porque mi hija se enoja cuando su hermano se los quita. El día en que mi hijo hizo eso por primera vez y vi la inocencia que había en su corazón me dolió pensar en que otros padres pudieron haberse asustado e incluso regañar o castigar a sus hijos varones por hacer algo similar”. 

Una de las preguntas que más me llamaban la atención era ¿Cuáles han sido las estrategias para enseñar a sus hijos sobre la igualdad entre las personas? a lo que Criseida contestó: Desde bebés han estado en contacto con nuestro activismo. Se han involucrado en marchas, talleres, conferencias en donde hemos explicado cómo es nuestra familia. Nuestra idea era siempre darles herramientas por si algún día veían un trato injusto o discriminatorio hacia su familia o hacia alguien más”, y Carlos dijo sencillamente: “Les inculcamos amor por los animales, por los seres humanos, por las plantas, respeto hacia las diferencias de opiniones, de culturas, de gustos. Si hubieras más de esto creo que nuestro mundo estaría menos lleno de odio e intolerancia”. Algo que considero importante mencionar es que tanto Carlos como Criseida me dijeron, al respecto de la religión, que se consideran -tanto ellos como las familias que han formado- espirituales pero no religiosos. “Nuestros hijos, Diego y Santiago, tienen total libertad de explorar la religión que ellos quieran y, al menos Diego, se encontró mejor con el budismo que es la única en la cual no siente que violentan su familia lesbomaternal” dice Criseida, “ambos nacimos y fuimos criados en hogares católicos. Nos consideramos personas espirituales, pero decir que pertenecemos a un grupo religioso resulta difícil ya que muchos, y sobre todo los católicos, rechazan y condenan la homosexualidad” dice Carlos.

Por último, pregunté a Carlos y Criseida su opinió al respecto de los crímenes de odio sucedidos en Xalapa y Orlando y cómo impacta esto en el futuro que proyectan para sus hijos e hija.  Carlos: “Esa es una pregunta muy fuerte, la más fuerte de todas, donde más me duele. Me duele porque esos actos atentan contra mi familia también. […] Me aterroriza pensar en que mis hijos pudieran sufrir actos de violencia física, psicológica o verbal por parte de alguien enfermo de odio. Hablo como padre porque pienso en los padres de las víctimas de lo que pasó en Orlando”. Criseida: “Los avances en materia de derechos humanos y civiles para las personas LGBTIII han sido importantes durante los primeros lustros del siglo XX. Es lógico que los grupos conservadores reaccionen a lo que ellos piensan que es una pérdida de privilegios. Lo que no es lógico es la incitación al odio que desemboca en actos como el de Veracruz y el de Orlando. Cuando decimos que la discriminación y la LGBTIIIfobia mata, no es broma. El afecto y el amor que mi esposa y yo nos tenemos, lo que hacemos en la privacidad de nuestra habitación, la decisión de formar una familia con hijos, ese no es el problema, eso no cobra vidas; hacer lo que hacen los grupos religiosos y conservadores para someter a una parte de la población eso sí es un peligro y un riesgo para nosotras y para nuestros hijos”.

A Criseida y Ana, a Carlos y Eric, mi más profunda admiración por sus ejemplos de vida, por su motivación, por demostrar que es posible un mundo más diverso. Porque yo sé que muchos amigos míos leerán estas líneas y se emocionarán igual que yo con la esperanza y la certidumbre de que los sueños sí se concretan. [Les invito a consultar http://dosmamis.blogspot.mx/, bitácora en la que Ana y Criseida relatan su vida como mamás]. A Sienna, Sebastian, Santiago y Diego, les mando un apapacho fuerte, porque tengo la seguridad de que viven entornos de paz, confianza y felicidad. Está padre (y está con madre) saber que hay niños y niñas creciendo con matrimonios “no tradicionales”, y que por ello la sociedad es más rica, diversa y colorida. Es bonito conocer historias de amor, tan reales como las que podemos tener nosotros y nosotras, que se han construido con base en la libertad, la valentía y el trabajo en equipo. Creo necesario que, en un mundo cada vez más lleno de malas noticias, compartamos y celebremos también las buenas, las sonrisas, los abrazos, los hogares.

Mérida, Yucatán a 17 de junio de 2016

David Loría Araujo.

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2 pensamientos en “Dos historias de AMOR

  1. Gracias por compartir. Siempre estoy pendiente los viernes, y también a diario. Eres un ser que comunica y se hace comprender; generas empatía por tu sensibilidad y honestidad. Me motivan estas personas en lograr eso, lo que para mí es un sueño, casarme y formar una familia, me motivas tú por tus líneas. Gracias David.

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  2. Es muy importante lo que acabas de hacer en esta entrada, difundir historias exitosas y cercanas de diversidad en familias. Creo que eso es justo lo que se necesita saber para qué muchos se den cuenta que sí es posible otra forma de hogar y que hay que estar conscientes que el amor y el respeto es lo que nos une.

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