Un post para 12 personas

Nota: Lo siento, pero este post está dirigido a doce personas en especial, pero estas doce personas tienen una enseñanza para cualquier lector que se tope con esta publicación.

En el mes de agosto me invitaron a participar nuevamente en un grupo apostólico al cual le debo mucho de lo que soy hoy, muy entusiasmado acepté y mi labor principalmente es asesorar a un grupo de jóvenes que trabajan en un proyecto de tres años en una comisaría de Umán que además de tener gente increíble también tiene árboles impresionantes.

Estos jóvenes con los que trabajo se encuentran en su tercer y último año del proyecto (y de prepa también), año en el que después de tanto trabajo y experiencias únicamente corresponde recoger los frutos sembrados en los años anteriores pero en este caso, al empezar junto con Lucy, otra amiga y asesora, nos dimos cuenta de que no era así.

Es muy difícil llegar a una comunidad con costumbres, lenguaje, idioma, tradiciones, horarios y demás actividades diferentes a las nuestras y para eso hay que romper la barrera psicológica que impide crear vínculos con las personas de la comunidad y nosotros, que prácticamente somos invasores.

Esto se hace a través de un proceso de adaptación e inculturización de nosotros hacia la comunidad compartiendo tiempo, espacio, alimentos, lenguaje diario y viviendo tradiciones y costumbres de la misma forma, pero por alguna razón, en la percepción de nosotros como asesores, esto no sucedió en los años anteriores.

Razones habrán muchas y a pesar de haberlo discutido mucho tal vez las desconocemos aún pero el proyecto se empezó a venir abajo cuando varios del equipo empezaron a desertar poco a poco y la falta de compromiso y constancia empezó a hacerse notar a leguas.

Cada persona que abandonaba el proyecto era una razón para que los demás empiecen a cuestionar su permanencia en él.

Al pasar los meses era tan notorio que habíamos perdido el objetivo del proyecto que las personas de comunidad se habían dado cuenta y la poca participación empezó a ceder ante la indiferencia de nuestro grupo.

Creíamos que los principales problemas eran la falta de inculturización, la inasistencia, el poco trabajo en equipo, desconfianza en el equipo pero sobre todo la falta de compromiso, esos eran los punto que debíamos atacar.

Decidimos trabajar en ellos poco a poco. Tomamos decisiones que muchas veces no fueron del agrado del grupo, fuimos adversarios, suspendimos los viajes a la comunidad, preparamos actividades para aprender a confiar entre nosotros, tratamos de prepararnos para regresar nuevamente motivados, tal vez sea difícil describir la situación y entenderla para cualquiera que no haya estado en el grupo pero se puede comparar con los miembros de un equipo deportivo que ha tenido una racha de puras derrotas y éstos se encuentran decepcionados y poco motivados pero los seguidores del equipo se han dado cuenta y dejan de asistir a sus partidos a tal grado que son suspendidos hasta que mejoren.

Se mencionaba que incluso era mejor abandonar el proyecto en su último año, que sería como salirse del torneo en el cual participábamos. Entre los demás equipos que participaban en el mismo proyecto pero desde diferentes comunidades alrededor de Mérida se tomaba el ejemplo de este grupo como como el equipo de los demás no debían ser.

Pero a veces para darnos cuenta de que lo estamos haciendo mal hay que tocar fondo.

Hay más circunstancias que dificultaron en todo momento y muy fácil hubiera sido desistir pero no siempre la opción más fácil es la más conveniente, de hecho creo que nunca lo es.

Pero de los 21 jóvenes que habían empezado en el equipo los 11 que quedaron estaban conscientes de cual era su papel y a pesar de las adversidades jugaron como equipo y su disposición logró que en tres meses saquen el trabajo de tres años: desvelándose, preparándose, visitando nuevas familias de la comunidad, participando y compartiendo con ellos, inculturizándose. Le dieron un nuevo enfoque al trabajo en equipo y al compromiso y hoy, estando a tres semanas de finalizar este proyecto nos han demostrado que no importa cuáles y cuántas sean las adversidades con las que uno se enfrente, no importa lo que la gente diga de ti, no importa la percepción que alguna vez hayan tenido, cuando en verdad estás dispuesto a trabajar en equipo por una causa lo que importa es la calidad de las personas y no la cantidad.

Me han enseñado que no importan cuántas circunstancias y dificultades haya, nunca pero en verdad nunca  hay que tirar la toalla.

Javo Castellanos.

 

 

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