Mentir es mentir

Mi mamá siempre tuvo razón cuando me decía que no dijera mentiras, que lo iba a empeorar (sino pregúntenle a Dilma Rousseff).

Así como estaban y están las cosas, con culpa o sin ella, uno siempre se las arregla para decir una mentira, dizque piadosa e inocente, casi alegando el bien público común.

Pero no señores y señoras, no hay ni bien común ni bondad. La mentira es la negación de la verdad, y ya está. Confróntenlo.

A todo esto, no les voy a decir que soy una blanca paloma y de mi boca emana la verdad en todas sus formas y presentaciones. No obstante, una cadena de vivencias propias y ajenas en las últimas semanas me hicieron darme cuenta de la calidad de mentiras y verdades que emitimos.

Después de nuestro querido “Dios de las preguntas más random del Universo” (respuestas Yahoo), me topé con un blog llamado Sinanestesia,- el cual espero a su vez que se haya basado en fuentes fidedignas-  que mencionaba que los especialistas afirman que mentimos mínimo 4 veces al día.

O sea, un promedio de 1460 mentiras al año. Qué tal.

En el poco grato intento de querer convencernos que más de la mitad son excusas o verdades parciales,  la realidad es que a veces ni lo pensamos y ya andamos tirando la primera piedra mentirosa.

¿Por qué?

Ha de ser el miedo. Es estúpido, pero no menos real que nos sintamos intimidados por algo que no tenía vida hasta que nuestra imaginación se la dio.

Nos enseñan a decir la verdad pero al mismo tiempo a ser discretos y no “pasarnos de la raya”. Por ello –y otros intereses personales más- , luego acabamos con un árbol genealógico de  mentiras y tan frágil como el cristal.

Todos los días durante mi secundaria luché por sentirme parte de un grupo al cual no estaba del todo segura pertenecer; más de una vez le mentí a mis padres para decirles dónde, qué y con quién; un centenar dije exactamente lo que creía mejor y no lo que 200% consideraba mi pensar; de aquí a la luna he formado una cadena de mentiras que va desde decir te quiero, te ves bien, no me molesta, yo no fui y uno de mis peores males: el “sí” a todo aunque sea un “no”.

Sea como sea y por lo que sea, mentir es mentir.

Sé que es difícil, pero la vida es tan bonita como para que la hagamos más complicada de lo que realmente es y a nadie le gustan más las aguas turbias que las claras.

No digas nada que no sientas, no hagas algo con lo que no estás de acuerdo y guarda silencio cuando la prudencia lo amerite.

Al resto, amabilidad y valentía.

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2 pensamientos en “Mentir es mentir

  1. Buen artículo, me gusta mucho la redacción, es fácil de leer y a la vez, tan sutilmente decordado, es como sostener un elegante diálogo con el autor.
    -Jair A. Solís Flores-

    Le gusta a 1 persona

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