Wixar en baños neutrales y otras reflexiones

[Nota aclaratoria 5: ¡YA VAN CINCO SEMANAS! Mientras pasan los días, de viernes a viernes, voy recogiendo de mí mismo y de lo que leo y escucho a mi alrededor el tema elefante de la semana. Esta vez, el objetivo central es poner sobre la mesa (o mejor dicho, señalar los pies del elefante tras la cortina de la sala) el tema de los baños neutrales. Comenzaré por exponer algunas anécdotas bañísticas, luego desmenuzaré un poquito de teoría de género (muy útil para este y muchos casos) y por último plantearé algunos cuestionamientos sobre la implementación de este sistema sanitario. Cabe aclarar que, el verbo “wixar” (wishar), significante maya que refiere al mismo significado que tiene “orinar” es uno de las palabras que más me gustan. No hay expresión que sustituya mi “ahorita vengo, me estoy wixando”, que digo en promedio cuatro veces al día.]

CAPÍTULO 1 – Anécdotas Bañísticas

  • En la colonia Alemán, en Mérida, se ubica la que fue la casa de mis abuelitos paternos. Es una casa de la que tengo muy buenos recuerdos, pues cada uno de sus cuartos tiene una personalidad distinta y, durante unos meses económicamente difíciles, viví ahí con mis papás. Además, era el lugar de convivencia entre un grupo de primos que adoro, porque siempre se prestaban a seguir mis instrucciones cuando montaba obras de teatro a los 8 años (Sí, nada nuevo) (No sólo por eso los adoro). Pero, retomando el tema del día: la casa tenía dos baños completos en el ala de los dormitorios: uno cuyas paredes tenían mosaicos rosados y otro tapizado de azulejos azules. Debido a sus colores y a que mis abuelos usaban uno cada uno, había “un baño de niñas y un baño de niños”. Ello sin contar con que el baño femenino tenía un bacín extraño cuya función entendí años más tarde. Aun así, me encantaba romper esa regla: yo wixaba en el baño rosado, muchas veces sorprendido por alguna tía que tocaba y yo respondía “ocupado”, desde adentro.
  • Esto me ha hecho pensar en Harry Potter y la recurrente aparición de los baños de Hogwarts en toda la serie, pero más aun de los baños de mujeres. En el capítulo 10 …la piedra filosofal, Hermione se molesta con Ron por hacer un comentario desagradable en clase de encantamientos (me parece que es también la escena de “leviosa, no leviosá”) y sale llorando del salón. En la cena, el profesor Quirrell (el del turbante) anuncia que hay un troll en el edificio y los estudiantes deben irse a sus habitaciones; sin embargo, como Granger no sabe de la creatura y Potter no aprende a seguir instrucciones, adivinen dónde encuentran a Hermione siendo atacada por el troll: Sí, el baño de niñas. Lo mismo pasa en …la cámara de los secretos: la entrada al mítico y subterráneo hogar del basilisco se encuentra en el baño de niñas del segundo piso: hogar de Myrtle.
  • Por último, quisiera hacer una serie de afirmaciones y cuestionamientos que siempre me han causado conflicto: David odia los tinas de latón que están en algunos baños para que los hombres saquen su pene a la vista de todos y wixen ahí, uniéndose al torrente de orina que cae en pendiente inclinada; David cree que no es obligación para los hombres orinar parados; a David siempre le ha parecido que los mingitorios tienen forma vaginal o de vulva: recomiendo leer la novela mexicana Cuerpo náufrago de Ana Clavel, donde se aborda esta temática de una forma muy graciosa; a David siempre le molestó que en algunos clubs sociales, los baños de las niñas tuvieran espejo completo y hasta sillón y los de los niños no; a David siempre le ha dado miedo ser saludado por una mano ajena bajo las “paredes” de los cubículos de un baño; David (y otras personas que él conoce) han sido seguidas por un sujeto muy tétrico en los baños que están por el Zara de la Gran Plaza, Mérida; a David no le da miedo hablar en segunda persona y ser un personaje más.

CAPÍTULO 2 – Sobre teorías de género

  • El primer sujeto político (por quién se lucha) del feminismo, en el siglo XIX, fueron las mujeres. Las primeras feministas luchaban por la libertad frente a ciertos estereotipos sociales y a la subordinación con respecto a los hombres en algunos derechos civiles como el del sufragio. A este grupo de mujeres debemos un primer gran arranque del movimiento, pero cupo cuestionar, en ese momento (y aplica hasta ahora), ¿qué entendían por “las mujeres”? ¿existe ese grupo como tal? ¿realmente “todas” las “mujeres” estaban representadas en esas luchas políticas? ¿existe algo como “la mujer”? ¿existe algo como “los hombres”? ¿estaban contemplados distintos grupos étnicos, clases sociales, poderes adquisitivos, orientaciones sexuales, entre otros rasgos, en esas luchas? Está claro que, con el paso del tiempo, el feminismo en su carácter autocrítico y deconstructivo tuvo que aceptar que su sujeto político era más variado y debía ser más incluyente.
  • En su célebre ensayo “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo” la antropóloga norteamericana Gayle Rubin hace un estudio sobre la diferencia sexual como justificación de las asignación de roles y comportamientos para hombres y mujeres, así como un análisis estructural de cómo entre las tribus o familias, las mujeres eran intercambiadas -en casamiento- para establecer alianzas. Lo que me importa destacar de su estudio es que define el sistema sexo/género como “un conjunto de acuerdos por el cual la sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana”. Es decir que la producción del género es consecuencia de un proceso de atribución de significados sociales. Haciendo eco de la filósofa existencialista Simone de Beauvoir, quien dice que “una no nace mujer, se hace una”, fue posible afirmar que todas las características de lo femenino (así como las de lo masculino) son ficciones que se aceptan y se enseñan de generación en generación. Todos y todas nacemos llorando: luego se nos enseña quiénes sí y quiénes no deben llorar, entre otras cosas.
  • A lo largo de toda su obra Michel Foucault, filósofo francés (y el amor de mi vida) investiga las formas a través de las cuales el poder “performa” a los cuerpos: los moldea, los modela según convenga. Es así que la medicina, la cárcel, el ejército, la escuela, la iglesia y sobre todo la sexualidad, funcionan como sistemas coercitivos para vigilar, conocer y controlar los comportamientos humanos. Según él, en vez de un sistema represivo, el poder incitó el desbordamiento de prácticas sexuales durante el siglo XVII y construyó sistemas de vigilancia, como lo fue el sacramento de la confesión. Claro, tú podías hacer cuanta cochinada quisieras pero estabas obligado a ir a contárselo al padrecillo, quien informaba de todo y así se construía un saber sobre las prácticas humanas, y se podían establecer reglas para controlar la natalidad, los espacios de desenfreno, las prohibiciones y las penitencias. Lo que es más interesante es cómo nuestro cuerpo se fue amoldando a lo que el poder deseaba, cómo lo biológico fue adecuándose a un tipo de normatividad. 
  • Por último tenemos a dos teóricas que respeto mucho: Judith Butler y Beatriz Preciado. La primera, que ya he mencionado en otros escritos, rompe con el sistema sexo/género propuesto por Gayle Rubin. Para Bulter, el “sexo” no es “LO biológico”, sino que es también una producción discursiva, una “ficción” que se hace pasar por lo material o lo biológico para escribir sobre ella el género social: es decir, como un papel falso donde se escriben las reglas. Por su parte, Beatriz Preciado (mejor dicho: Paul Preciado, porque ya ha hecho su transición sexual y genérica) es un antropólogo español que escribe un libro llamado Manifiesto contrasexual, en donde propone “acabar con LA naturaleza” con lo que creemos que ES natural y por eso ESTÁ BIEN: ciertas maneras de tener relaciones sexuales, ciertas prácticas corporales, ciertas concepciones de “los hombres son más sucios” o “las mujeres son más débiles” por naturaleza. Es decir, es “contrasexual” porque rechaza la “sexualidad” construida.

CAPÍTULO 3 – La polémica de los baños neutrales

  • El lingüista Thomas Sebeok, a quien estudié en mi primer año de la universidad, clasifica ciertos tipos de signos. Su teoría de la semiótica dice que un ICONO, existe “cuando hay una similitud topológica entre el significante y su denotado, es decir, si existe una relación de tipo material y el signo representa o imita a su objeto”. Un ejemplo de icono es el dibujo de una tacita de café en la marquesina de un establecimiento: el dibujo NO es la taza de café real, pero imita su forma para dar a conocer que ahí se vende café. Lo mismo pasa con el icono de “guardar” (un floppy de 3 y 1/2) en la computadora, para el cual muchas generaciones ya no tienen el referente original imitado. Para el caso de los iconos en los baños siempre observamos figuritas como de gengibre que o bien tienen pantalón, o tienen un vestido, para designar hombres o mujeres. Algunos casos de baños neutrales han puesto una figura de gengibre que, en una pierna tiene un pantalón y la otra un vestido, como si el individuo representado estuviera enfundado en un traje al estilo Lady Gaga. POR EL AMOR DE JESUCRISTO, HACED EL FAVOR DE NO PONER TALES DIBUJITOS.
  • Es bien conocida la polémica actual sobre los baños neutrales. Muchas ciudades, muchas empresas también, están optando por no generizar/sexualizar los sanitarios: no hacer una división sexual para la entrada y uso de los baños, dejando que cada quién entre al que decida, abriendo una opción más -la de un baño neutro-, o bien, habilitando un solo cuarto con retretes para ambos sexos y todos los géneros. Muchos objetan que esta aplicación promovería acontecimientos de violencia sexual en los baños pero, ¿no es eso también reafirmar la idea de que sólo hombres violentan mujeres o viceversa? Existe también la opción de tener dos baños: uno sólo con retretes y otro con retretes y urinarios, sin los iconitos de gengibre. Al principio yo pensaba que en realidad era hacer lo mismo pero sin los dibujos: es decir, que los hombres invariablemente iban a entrar al de urinarios y las mujeres al otro; sin embargo, la forma ideal sería una en la que cada quien decidiera, en plena libertad, la forma que más le acomode para ir al baño, que cada persona elija el dispositivo que más le agrade para realizar una necesidad biológica.
  • ¿Estamos preparados para tal situación? Creo que al menos en nuestro país, donde hay mujeres amenazadas por levantar la voz ante un abuso, donde existen tantos crímenes de odio, NO. Pero…si no es ahora, ¿será mañana? Es decir, creo que a muchas mujeres que han sido vulneradas por hombres en espacios públicos no les agradaría mucho la idea. Ayer una amiga compartió el video de un hombre que, travestido, entró al baño de mujeres para buscar violentar a alguna. Tampoco creo que a mi abuelita (que muchos ya conocen) le resultaría tranquilo entrar a un baño neutral. Pero es una realidad que las diferentes identidades sexogenéricas están visibilizándose cada vez más y es violento forzar a las personas a identificarse entre dos opciones opuestas-binarias cuando realmente representan lo “otro” que no nos atrevemos a nombrar o que no sabemos cómo fijar en un icono para señalizar y segmentar los espacios urbanos. ¿Sucede lo mismo con la polémica sobre los vagones del metro o el metrobús destinados a niños menores de 12 años y mujeres? No estoy del todo seguro de si nos estaríamos enfocando en el mismo tema, pero cabe ponerlo a discusión. Me parece que más que hurgar en una paradoja, poner el tema sobre la mesa nos hace PENSAR EN EL OTRO para vivir en comunidad, cosa que nos hemos olvidado de hacer. 

Ciudad de México, 6 de mayo 2016

D.

[La próxima semana va un cuento, promesa.]

 

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Un pensamiento en “Wixar en baños neutrales y otras reflexiones

  1. Te juro que llevo dos semanas pensando en el tema de los baños neutrales jajaja y también quiero decir que amo la palabra wixar, la uso mucho y además que igual odio los metales esos donde wixan todos los hombres

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