Dime cómo hablas y te diré quién eres

El título suena a prejuicios ¿no? Es posible, pero algunas de palabras que decimos diariamente tal vez también estén cargados de ellos, de prejuicios.

“¿Dejan pasar a ese indio y a mi no?”

Este es un tema que he discutido con varios amigos, se trata sobre cómo nos referimos a los demás y qué palabras utilizamos para ofender a las personas. Palabras que contradicen nuestras ideologías con nuestro vocabulario y creo que a todos nos ha pasado que, sin saber el origen o el significado de una palabra, la usamos según el significado que un grupo de personas le den. Pero hablemos específicamente de las que usamos algunos mexicanos. Hagamos una lluvia de ideas:

Indio, naco, puto, gato, fresa, chaca, junior, azteca, huiro, negro, puta, indígena, albañil, zorra, nena, marica, gordo, joto, sucia, maya, hondureño, verdulera, mojigata, trailero… o frases como:

Y demás frases llenas de intolerancia que decimos diariamente en nuestra sociedad.

“Vamos ahí, hoy es viernes de sucias”

Pero si respetamos y presumimos a nuestras culturas indígenas ¿Cuál es el chiste en ofender a alguien con ser maya o azteca? Si no somos homofóbicos ¿Por qué buscamos ofender a alguien diciéndoles que es puto u homosexual? Si creemos que el color de piel no define a la persona ¿Entonces por qué ofender a la gente con tonos de piel más oscuros diciéndole que es negra o indígena? Y si las mujeres son libres de hacer lo que quieran y vestirse como quieran entonces no habría razón alguna para decirles que son putas o mojigatas.

“No vengas, está lleno de gatos”

Por que a pesar de que criticamos al racismo y defendemos la igualdad utilizamos el término negro para ofender y habrá personas que dirán “Pero es que no me refiero a su color” “No me refiero a su sexualidad” pero aun así las utilizamos.

“De qué te sirve ir al gym si tienes cara de artesanía azteca”

He escuchado y leído que en nuestra sociedad la discriminación – así como la corrupción- es algo cultural y que viene enraizado, es una herencia histórica de nuestra Madre patria, que tendía a dividir nuestra ciudad con muros y arcos históricos para que no se mezclarán los indígenas entre ellos. Sé también que entre ellos mismos se clasificaban por castas de criollos, gachupines, mulatos, mestizos, salta atrás, entre otras y de ahí, la idea de dividir y ofender a las personas por adjetivos calificativos “que no causan división ni daño”, que son “normales”, “que no tienden a ofender por que no nos referimos a eso” haya trascendido hasta el 2016.

“Esa escuela está de luto, son todos negros, son todos putos”

Allá está presente la incongruencia entre nuestro pensamiento y nuestro lenguaje, por que a pesar de presumir de ser personas tolerantes aun utilizamos palabras cargadas de desprecio para ofender a los demás, pero al mismo tiempo “apoyamos” causas a su favor.

“No manches qué naco se ve ese auto”

Mabel, una buena amiga, me comentó una vez que el lenguaje es la síntesis del pensamiento, y nuestras palabras demuestran en verdad qué es lo que pensamos, a pesar de que lo negamos.

 

 

 

 

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