“Eran putas, iban solas”

[Nota aclaratoria 2: De nuevo dejaré el cuento para la próxima semana. Adelanto: ya tiene título. Se llama “Crónica de la tos”, y tiene un poco de autoficción. Mi proyecto consiste en escribir una serie de relatos breves sobre el cuerpo. Las ideas ya están sobre la mesa: una joven que no sabe qué hacer con el cadáver de su madre, una modelo que pierde un diente misteriosamente, un hombre que no sabe interpretar la sonrisa de otro hombre, una señora que, tras operarse la nariz, ya no puede percibir ciertos olores. Ya vendrán estos personajes a invadir sus pantallas, lo prometo.]

Gracias a Mabel Novelo (y copiando un poco a Gallo Molina), esta publicación puede ser leída mientras se escucha “Se quemó” de La Otra

Escribo esto con mucho cuidado, porque sé que no soy la persona mejor informada al respecto y pudiera fallarme la objetividad; sin embargo, va mi opinión de nuevo como llave y llamado al diálogo, porque quiero saber y hacer más. Van las ideas como viñetas, sin un orden específico:

1. Una de mis compañeras del posgrado (¡Hola Maira!) está escribiendo su tesis sobre la novela Violación: Una historia de amor (Rape: A love story) publicada en 2003 por la norteamericana Joyce Carol Oates. El argumento general del texto aborda la violación sexual de Martine Maguire el 4 de julio de 1996. “Teena” es viuda, tiene poco más de 30 años. Pasada la medianoche, tras unas cervezas en una fiesta del día de Independencia, rechaza la oferta de un aventón a casa y decide regresar caminando junto con su hija adolescente. Al pasar por un parque, ambas son rodeadas por un grupo de jóvenes y acorraladas hasta un cobertizo. Teena es insultada, golpeada y penetrada hasta la sangre por la cuadrilla de muchachos. Su hija logra esconderse y pedir ayuda. Después de la narración del ultraje, el resto de la novela da cuenta del juicio, en el que tanto abogados sin escrúpulos como la gente que le conocía argumentan que “ya se veía venir”: ¿qué hacía poniendo en peligro la vida de su hija tan tarde?, ¿por qué no aceptó que la llevaran a casa?, ¿para qué iba vestida de tirantes y pantalones cortos?, ¿no será que se dedicaba a la prostitución y tenía una cuenta sin saldar? Violación: una historia de amor retrata una situación más cercana de lo que creemos, con una prosa tajante, introspectiva. Una narración muy bien escrita y éticamente comprometida con la exposición de la vulnerabilidad legal y social que sufren las mujeres víctimas de violación.

2. Hace poco menos de dos meses, dos jóvenes argentinas, Marina y María José, de 21 y 22 años, salieron de viaje hacia el Ecuador. Tras unos días de haber sido reportadas como desaparecidas, encontraron sus cuerpos sin vida, con “huellas de violencia en la cabeza y en el cuerpo”. Al respecto, se dijo lo siguiente: “iban solas”, “conocieron a unos chicos en la playa y confiaron en ellos”, como si un porcentaje de la responsabilidad de sus muertes recayera sobre ellas por no estar acompañadas por ¿un hombre? o por confiar en la posible buena voluntad de una persona. ¿Qué entendemos por “soledad” cuando escuchamos “no puedes ir sola” o “¿por qué tan solita?”? Algo nos debe quedar muy claro: Marina y María José iban juntas, iban dos, ¡y aunque fuera solo una!, no debería recaer la culpa de un asesinato en la propia víctima por “no tomar precauciones”, por no vivir con miedo. 

3. En las últimas semanas he estado seriamente consternado por la reciente proliferación de dos tipos de casos sucedidos en nuestro país: por un lado, grupos de jóvenes varones (a veces descendientes de políticos mexicanos) involucrados en la violación de mujeres, cuyos casos se encubren por la corrupción; y por el otro, denuncias públicas de mujeres como Andrea Noel, joven periodista; Gabriela Nava, estudiante de la FES Acatlán o Ximena Galicia, estudiante de la Ibero. Las tres fueron víctimas, respectivamente, de ataques misóginos en redes sociales luego de una vejación pública, de captura de fotografías bajo la ropa, del acoso de un funcionario de la Universidad. En los tres casos, los actos de violencia sexual se han visto seguidos por amenazas virtuales que prometen atentar contra la vida, silencio por parte de las autoridades, o la consigna de que quien denuncia se encuentra “exagerando”. [Nota: vale la pena preguntarse también, ¿cómo se queja, cómo levanta la voz quien no tiene acceso a los medios, quien no conoce palabras para expresar lo que sucedió? Un estudio realizado por la ONU en 2011 evidenció que nuestro país es el primer lugar en violencia sexual en el mundo. ¿Cómo estarán las estadísticas a 5 años? Y, en caso de estadística, ¿cuánta violencia es necesaria para nos comience a preocupar-ocupar?

4. Llueven las calumnias, la difamación y el escarnio en contra de quienes piden ayuda, de quienes alzan la voz o la escritura en redes sociales, de quienes denuncian, de quienes emprenden la lucha por justicia a pesar de saber que es poco lo que se puede lograr en un país en donde “si te pasó, te lo buscaste”. A veces sin pensarlo, salen de nuestra boca expresiones como: “ella se lo buscó”, “quién sabe qué habrá hecho para provocarlo” o bien, “le pasó por andar de puta” o “y luego se preguntan por qué las violan”. La responsabilidad recae, según el discurso, en la víctima (por cierto, siempre que decimos LA víctima es en femenino). Como si ella o él fuera el/la culpable de la violencia que se ha ejercido sobre su cuerpo. Como si toda voluntad, toda contención, toda mesura, todo respeto del agresor(a) pudiera supeditarse a un deseo incontrolable “producido” por la víctima. Dicha aseveración sólo reitera el carácter animal de la especie humana.

5. En su conferencia de TED Talk, Chimamanda Ngozi Adichie declara: Todos deberíamos ser feministas. Puedo equivocarme, pero como dije el viernes pasado, las y los feministas no buscan exclusivamente defender a las mujeres, ni reiterar su condición de sujetos “vulnerables”; tampoco el feminismo es la contraparte del machismo, y su radicalidad (revolucionaria como toda acción política) no debe ser interpretada como “feminazi”: primero porque el término es despectivo y está cargado de un gran peso histórico que no es equivalente, y segundo porque desacredita toda lucha a favor de la igualdad. El término es peyorativo e ignorante.Está claro que, aunque sí hemos avanzado mucho como sociedad global, persiste poca igualdad de oportunidades económicas, sexuales, políticas y sociales para quienes se identifican como mujeres, frente a quienes se identifican como hombres. Persisten los atentados, sexuales o no, las injurias, la vulnerabilidad lingüística (“viejas”, “zorras”, “putas”) hacia las mujeres (y ni se diga de la violencia hacia la comunidad LGBT).  En suma,  ¿qué podemos hacer como sociedad para que esto desaparezca? Se trata más de empoderarnos todos y todas, de ser autocríticos con nuestras acciones y palabras que, en mayor o menor medida, apelan o “citan” modos y estructuras aprendidas dentro de un sistema heteronormativo y heteropatriarcal que se basa en la diferencia sexual para justificar la dominación. 

6. ¿Cuándo el cuerpo del otro comienza a ser violentado? Cuando el sujeto admirado-deseado deviene objeto, sometido al egoísmo del sujeto observador. ¿Por qué enseñamos a niñas y jóvenes a “esconder” el cuerpo? ¿Por qué condenamos el escote y la longitud de la tela? ¿Por qué nadie nos enseña a desear con responsabilidad y respeto? ¿Por qué siguen habiendo pláticas de educación sexual que no hablen sobre la cultura del consentimiento? ¿Por qué no socializamos el reconocimiento de la voluntad del otro o la otra, de los límites que este o aquella decidan, cuando así los decidan? ¿Por qué no revisamos qué aspectos de nuestro discurso doméstico, laboral, entre amistades, en redes sociales están reiterando la normalización de la violencia? Existen pequeñas acciones concretas que podemos integrar o dejar de practicar en nuestro día a día: primero que nada, ser más conscientes de nuestro lenguaje, que no sólo “dice” sino que “hace” cosas. En fin, volviendo a hacer eco de Judith Butler, ¿por qué unas vidas, unos cuerpos, valen más que otros? ¿Por qué unos humanos merecen ser más llorados que otros, unas muertes más investigadas que otras, unas justicias más luchadas que otras? 

D.

Ciudad de México, 15 de abril 2016

 

 

Anuncios

Un pensamiento en ““Eran putas, iban solas”

  1. Si de algo sirve que escriba lo que pienso : ¡me encanta!
    Me encantó que toques el tema, el Feminismo no ve exclusivamente “a la mujer”, ve el todo relacionado con género y equidad -siendo género más que sólo las dos opciones que la sociedad patriarcal en la que vivimos nos ha impuesto, a) mujer o b) hombre. Así como con el reciente comentario que se hizo viral de que deberíamos de dejar de llamarnos feministas y ‘simplemente’ llamar sexistas a los que no ven por la equidad de la mujer…mmh si de antónimos de feminismo hablamos, les haría faltar llamar a esa gente además de sexistas, racistas, homofóbicos, transfóbicos…y muchos más etcéteras -y además tomar en cuenta su heterosexismo, cissexismo…y aquí viene otro bloque más de etcéteras. Porque la mujer no es sólo afectada por el sexismo, así como no es sólo la mujer la que se beneficia del feminismo.

    Te adoro David, soy tu fan.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s