Soy gay y soy católico: una declaración desde la teología queer

[Aclaración introductoria: estoy escribiendo esta nota en mi camino a la universidad, hoy viernes. Originalmente iba a escribir un cuento, pero esta mañana tomé un taxi que, por tardar demasiado en llegar a su destino, me hizo pensar en cómo todo cambia, todo se transporta, todo está en tránsito continuo. Pensé luego en mis propios tránsitos y decidí, mejor, dejarles el cuento para la próxima semana.]

Sí. Soy gay y soy católico.

La autoaceptación de mis preferencias sexuales sucedió en 2011. No era nada que antes no sospechara, y que me encargaba de tachar y borrar de mi identidad sin realmente saber a qué o a quién le estaba huyendo. Tampoco era nada que la gente no se imaginara y, debo reconocer, que mi familia avanzó rápido en el duelo ante la noticia y que mi grupo de amigos no opuso resistencia a conocerme más auténtico y más humano.

Hace poco más de un año me invitaron a participar en dos encuentros de jóvenes con motivo de la semana santa y de un pregón en una conocida escuela católica, respectivamente (espero que la referencia a mis creencias no merme las lecturas de este texto, es para todos y todas). Esa vez, me tocaba, las más de las veces, representar en obras (sociodramas) pasajes de la vida de Jesús. Esto por dos razones muy sencillas y superfluas: me gusta actuar y mi barba puede ser prominente.

Para esas fechas, ya mucha gente sabía de mi preferencia sexual y de mi pertenencia a un grupo de activismo positivo que cobija la salida del clóset de muchos y muchas jóvenes y les promete, esperanzadora y alegremente, que todo mejora. Mi actuación generó escándalo entre cierto grupo de la élite meridana contemporánea. Bueno, más bien circuló una cadena de Whatsapp donde se preguntaba que ¿cómo era posible que un homosexual como yo personificara a Jesús? ¿Qué podía yo estar enseñando a sus hijos e hijas? ¿Por qué los sacerdotes de tal o cual parroquia no habían hecho nada al respecto?

Por si fuera poco, también se alegaba que había sido expulsado del grupo apostólico por mis preferencias y que “promovía la homosexualidad” a través del grupo activista antes mencionado. ¿Cómo es posible promover la homosexualidad si la idea es que todos y todas seamos auténticos? Más bien, la retórica de la pregunta anterior pudo haberse leído como una reminiscencia de aquél mito de la preferencia diferente como una enfermedad contagiosa.

En ese momento, y ante el apoyo amoroso y envalentonado de mi familia, así como de amigos y amigas, cercanos y no cercanos a la religión, decidí no dar respuesta alguna a tal mensaje de calumnia. Y quiero subrayar aquí que esto no es una defensa ni tiene la intención de alboroto, ni mucho menos que proviene de un rencor hacia lo sucedido.

Como dije en la nota aclaratoria, mi primer enfrentamiento al elefante que hay en la sala iba a ser un cuento breve en el que me encuentro trabajando desde hace unos meses; sin embargo, justo el día de ayer, en un congreso de literatura y estudios culturales al que asistí, un doctor en ciencias religiosas de la Universidad Iberoamericana habló sobre la Teología queer, línea de estudio bastante reciente. (De la temática recomiendo leer La Teología Indecente (2000) de Marcela Althaus Reid, teóloga argentina).

¿Qué es queer? Es preciso aclarar que el término queer no tiene un significante equivalente en el español, y que originalmente se utilizaba en Estados Unidos como una mofa o insulto hacia los hombres homosexuales. Las palabras más cercana al castellano serían “maricón” o “rarito”. No obstante, la expresión “queer” fue utilizada como estandarte de la comunidad LGBT a finales del siglo pasado´[“we are here, we are queer, get used to it”], hecho que produjo una reapropiación estratégica del término. De ser una burla, se convirtió en un aspecto identitario: “sí, soy gay, soy marimacha, soy puto: ¿y qué?”.

La antropología, filosofía, literatura, entre otras ciencias de lo humano (recomiendo ampliamente leer El género en disputa de Judith Butler), entienden queer por un concepto que designa a aquellas personas que no se identifican con las etiquetas establecidas: es decir, que las palabras “homosexual”, “transgénero”, “lesbiana”, “heterosexual”, entre otros, no alcanzan a comprender la diversidad de las personas y que, por el contrario, unifican y estabilizan las identidades, como si solamente pudieran existir los identificados con las letras L-G-B-T-T-T-I-A [y aquí yo agrego “H”, pues los heterosexuales también son parte de la llamada diversidad].

Antes de hacer una breve introducción a la teología queer, creo importante mencionar a otras teologías que le preceden. Estas son, la teología de la liberación y la teología feminista. Por un lado, el análisis crítico de la opresión social, cultural y política que sufren hasta hoy muchas comunidades sometidas por las grandes naciones, los sistemas económicos que se sostienen a través de generar desigualdad y la religiosidad impuesta a muchos pueblos, llevó a desarrollar una nueva visión teórica (y práctica, cómo no) de la preferencia evangélica por los pobres. Grandes lecturas recomendadas son los libros de Leonardo Boff, Enrique Dussel, Jon Sobrino, entre otros.

Por otro lado, la teología feminista, desarrolló críticas ante el sistema patriarcal de la iglesia y la representación de un dios masculinizado y sexuado como hombre. No sobra decir que sus representantes se encargaron de releer el papel de la mujer en los textos sagrados y de incluso plantear una propuesta ecuménica y transreligiosa. Recomiendo, más cercanos a esta línea, los textos de Donna Singles.El término feminista pudiéramos asociarlo, como se ha hecho más tradicionalmente a lo relacionado con la mujer, primer sujeto político del feminismo en su origen; o bien, a todo sujeto que haya sido sometido, vulnerado, “feminizado” por lo masculino. Ahora bien, no es de extrañar que estas dos teorías hayan dado origen a la teoría queer, que protege al outsider, al vulnerado, al extraño.

La teología queer nos propone, literalmente, “sacar a dios del clóset”. ¡Ello significa liberar a dios de las imágenes, simbolismos y falsas ideas asociadas a su ser! También nos invita a comprender cómo estas lógicas de la representación divina están asociadas a construcciones culturales de organización familiar, económica y sexual que han impuesto los modos de “ser hombre” y “ser mujer” a lo largo de la historia humana.

Sería bueno atrevernos a quitarle a dios los atributos asociados a la masculinidad y poder (“señor”, dios vigilante, castigador, entre otras) y mirarlo a través de otros ojos: ¿Y si dios fuera mujer?, ¿y si fuera puramente amor y no una corporalidad? ¿y si “el discípulo más amado” lo fuera literalmente? ¿Qué hay de malo en atrevernos a pensar más, a imaginar más? Es preciso sacar a Dios del cielo y devolverlo al suelo: cercano a quienes duermen en la calle, a los cuerpos migrantes, a quienes se ganan la vida en las avenidas, a quienes no se sienten recibidos por una la iglesia actual.

Repito: no es escándalo o violenta propuesta. Aclaro que mi discurso quiere dialogar y conciliar. Desearía (yo, así como un grupo hermoso de amigos que tengo) que todos y todas nos sintamos representados por dios y a su vez, podamos representarlo. Que todos y todas podamos vestirnos de Jesús sin que ello sea un atentado en contra de las lógicas de simbolización religiosas. Que nos sintamos llamados, tanto si creemos en dios como si no, a hacer el bien y compartir el amor. Que, sin abandonar los medios para acercar a la gente a dios, liberemos a dios de la custodia (en sentido literal y figurado). Que sin dejar de apapachar a dios, lo liberemos de las riquezas y los excesos monetarios destinados a sus alabanzas. 

Creo que la propuesta es importantísima y urgente. Porque somos iglesia, somos comunidad, somos común-unión pero no somos idénticos. La diversidad de los cristianos -mejor dicho, la diversidad religiosa en general- debería ser nuestra bandera en un mundo cada vez más dividido por el horror y acechado por la muerte y los atentados contra la vida. Alejarnos de las diferencias que generan luchas, ¡mejor que generen hermandad!, porque “con más gente, a favor de gente en cada pueblo y nación…habría menos gente difícil y más gente con corazón”

En suma, que Dios sea tan diverso como nosotros, tan humano como el otro.

Pero es sólo una propuesta.

D.

Ciudad de México, 8 de abril de 2016.

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12 pensamientos en “Soy gay y soy católico: una declaración desde la teología queer

  1. David, gracias miles por tu propuesta congruente y valiente. La asumo como propia.
    Enhorabuena a todos por este espacio!
    Espero con ansias el cuento 🙂

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  2. Disfruté leerlo, no solo por tu ortografía impecable sino por tu acertado punto de vista.
    Tener la oportunidad de conocerte como eres, más auténtico y más humano, es un privilegio.
    Cito mi parte favorita: “Es preciso sacar a Dios del cielo y devolverlo al suelo”
    Una vez más, felicidades por el escrito

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  3. DAVID, increíble creo que no somos pocos los que creemos que la religión y en este caso Dios puede estar fuera de nuestro alcance, también profeso la religión católica y creo en Dios! muy buena propuesta, personitas de aquí te apoyamos 🙂

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  4. Me encantó este ‘elefante blanco’ ;). Hubo un tiempo en el que ‘militaba’ más en lo ‘católico’. Hoy estoy en un momento de más pausa y reflexión… justa y necedaria reflexión, como dices: “de pensar más, de imaginar más…”. Tus sentidas y bellas palabras suman a estas reflexiones. Como diría un maestro (Dr. Díaz-Polanco), la historia ha mostrado en muchas formas que la evidencia de la diversidad, no así de la supuesta homogeneidad ni universalidad. Así que bueno, me sumo desde lo ‘gay-queer’, pues creo que son más las articulaciones que las exclusiones ;). Abrazores querido Dave y felicidades a todxs por el espacio :).

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    • FE DE ERRATAS:
      * “justa y necesaria reflexión”…
      * “la historia ha mostrado de muchas formas la evidencia de la diversidad…”.

      Por aquello de la buena ortografía y redacción del sitio, como bien dice Alba 😉

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  5. Hola David, me encantó tu artículo y creo que es porque precisamente expresa con puntualidad una idea que ha rondado en mi cabeza por bastante tiempo: Dios está libre de etiquetas y es un ser de inmenso amor que se expresa de mil formas diferentes para poder entrar a la gran diversidad de personas que ÉL mismo creó.
    Estoy segura de alguien que necesita leer algo como esto para poder ver más allá de lo que pinta la sociedad y me encargaré de hacérselo llegar. Muchas gracias. 😀

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  6. ¡Hola, David!
    Antes que nada, quiero decirte que compartir tus ideas es muy valiente, espero estés abierto a cuestionamientos o posturas diferentes a las tuyas a través del diálogo. Yo creo en el diálogo como un medio para llegar a acuerdos independientemente de que creamos cosas contrarias.
    Dicho esto, mi primer pregunta para ti es:
    1. Pudiste haber dicho que crees en Dios y que eres gay, sin embargo dijiste específicamente que eres católico. Me quedó muy claro el por qué eres gay, pero, ¿por qué aún así te consideras católico? Eso no me quedó claro.
    2. Siendo católico, con lo que eso conlleva, seguramente has leído también textos magisteriales (pues sobre teoría de genero enuncias bastantes fuentes). ¿Has leído entonces, Evangelii Gaudium, Fides et Ratio o Deus Caritas Est? ¿Qué opinas de lo que dice ahí sobre el tema de la teoría de género?
    3. Ahora, entrando a lo que pienso sobre lo que escribes, espero me permitas decir que el ser homosexual (tener atracción por personas del mismo sexo) no es contrario a que te sientas parte de la Iglesia, como bien comentas. La Iglesia, y tú debes saberlo porque eres católico, solo pide abstinencia (no tener relaciones sexuales con las personas del mismo sexo) a quienes siendo homosexuales decidan vivir como católicos. Hago un paréntesis aquí, la Iglesia no obliga a nadie, si no quieres vivir conforme a lo que ella dicta, está bien, pero eso implica no ser católico.
    4. Lo que planteas, de entrada parece atractivo, pero es una falacia, por la manera en la que lo propones. Primero porque, siendo católico, apelas al relativismo religioso más que al ecumenismo. También por qué planteas firmemente que la Iglesia dice que Dios es varón, sobre esto, Dios no es un ser sexuado, ni corporal, (sí lo es Jesús, es varón, pero porque Él tomó corporalidad) te invito a leer un poco más sobre ese tema.
    5. Por último, te quiero contar sobre un muy buen amigo que es homosexual (con esta característica tengo a varios más, los trato igual que a cualquier persona) y también es católico (con las dos características solo tengo a este buen amigo). Él trata de vivir cada día conforme a lo que te escribí en el punto 3, es de verdad católico, pero queriendo serlo ha tenido que lidiar con un deseo sexual (me refiero al acto sexual) que sabe no es compatible con lo que cree. Él no vive esto como una carga, es difícil para él resistirse, sí, pero lo vive con alegría, porque está convencido de su religión.

    Con esto termino, esperando haya podido darte a entender mi punto. También espero no lo tomes a mal y que no te haya ofendido con mis palabras en ningún momento. Ojalá puedas tomarte el tiempo de responder aquellas cuestiones en las que tengo dudas respecto a lo que escribes.

    Te mando un abrazo, y, nuevamente, te felicito por tener el valor de compartir tus ideas.

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    • Hola, Juan! Muchísimas gracias por tus palabras! Qué alivio es el ser leído y sentirse en diálogo. Me encantaría preparar un poquito más mi respuesta a tus puntos. Por ahora, te diré que tal vez no soy católico entonces, o tal vez lo que pasa es que no estoy entendiendo “católico” como tú lo planteas, o como lo plantean los preceptos de la Iglesia. Creo en el relativismo religioso, así también en el ecumenismo. Y no sabes cuánto te agradecería si tuvieras tú links para leer los textos que me recomiendas. Me faltan muchas lecturas para complementar mi perspectiva. Por lo pronto, yo soy un homosexual que no se siente en culpa ni en pecado si establece una relación amorosa o sexual con otro hombre y, de hecho, eso no me ha privado de participar en los sacramentos. Si ello me hace menos católico, tendré que renombrar la entrada como “soy gay y no soy-tan-católico” pero lo que defiendo sobre sacar a dios de la custodia en la que le tenemos, lo defenderé hoy y siempre.
      Abrazos y más abrazos. Agrégame al facebook: estoy como David Ele Araujo, no sé si nos tenemos… en realidad no sé qué Juan seas…¿serás acaso el discípulo más amado? (es broma). Seguimos en contacto.

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  7. “Con más gente, a favor de gente en cada pueblo y nación…habría menos gente difícil y más gente con corazón”
    Totalmente de acuerdo 🙂

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  8. Querido David: Bravo!!! Me encantó todo lo que escribiste, como dice Juan, yo ya no me nombro católica porque no estoy de acuerdo en muchísimas cosas que impone esa religión y menos cuando tratan de adueñarse de Dios. Creo que Dios nos ama a todos y nos ha regalado todo para ser felices. Los seres humanos lo hemos hecho a nuestra imagen y semejanza y yo creo que no tenemos ni idea de quién es, o cómo es, o qué es. Para mi, dios no está encerrado en ninguna religión, dios está en cada ser sobre la tierra, es el aire, la tierra, el sol; él es todo. Respeto a los que siguen el camino en una religión para encontrarlo, pero sigo pensando que estás separan más que unir. Un abrazo David muchas felicidades.

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  9. “Que Dios sea tan diverso como nosotros, tan humano como el otro”. Creo que en esa frase se resume bien la propuesta que nos compartes y que desde mi perspectiva es muy acertada.
    Yo también soy gay y también soy católico. Sin embargo, mas que católico me siento seguidor de Jesús y yo considero que eso es mas importante.

    Concretamente sobre el artículo y los comentarios te comparto lo siguiente:
    Quizá mas que la Iglesia presentando a un Dios machista y poderoso es un Iglesia de régimen, históricamente, patriarcal. Para tu punto, sobre si Dios fuera mujer, te comparto, que un muchas culturas diferentes a la hegemónica y occidental, la visión de Dios es maternal (ejempo: culturas indígenas de nuestro país). Por otro lado, un punto innegable de la trascendencia espacio – temporal de la religión católica (quisiera decir del mensaje y la vida de Jesús) es la resurreción y los primeros testigos son mujeres (te recomiendo las contemplaciones de la resurreción de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola). En general, creo que este punto acerca del rol y el género es muy importante y que debe ser abordado desde varias perspectivas incluyendo la sociología y la antropología, de entrada.

    En cuanto a la cuestión documental y magisterial, primero creo que es importante notar el seguimiemto que haces de la teología de la liberación a la feminista para terminar en la queer, incluso suena lógico. Sin embargo es bueno saber que ni si quiera la teología de la liberación es aceptada por la mayoría (no digo que deba serlo). Lo que si es importante es tomar conciencia de dos cosas: el Evangelio es la palabra revelada por Jesús a nosotros y la Iglesia se encargó de comunicarnoslos (algunas veces de imponerlo). Esto quiere decir que no hay que perder la centralidad del mensaje que aunque senos ha sido revelado, a veces nos podemos encontrar como los discípulos en la ascención, sin terminar de entender lo que quería decir. De esta manera la Buena Noticia también es gradual o en otras palabras, la seguimos comprendiendo y redescubriendo.

    La Iglesia, por otro lado, si determina en el Catecismo de la Iglesia la aceptación de la homosexualidad pero no de sus prácticas (si me lo preguntas a mi, eso es en sí una contradicción lógica). Sin embargo creo que el establecimiento de ideas como estas no se encuentran tan cercanas al mensaje de inclusión de Jesús. Por tanto, en favor de la inclusión considero que tanto el ecumenismo como el relativismo religioso son indudablemente necesarios, y mas de fondo la necesidad de crear puentes y de abrir a la diversidad (em general) dentro de una misma casa (que no es perfecta).

    Por último, mas que la teoría lo que me llena de esperanza es tu experiencia compartida, tus afectos y tus anhelos. Creo que uno de las cosas mas de fondo y algunas veces parcializada dentro del catolicismo es la Encarnación. En Bienaventuranzas de Adolfo Chércoles hace referencia a algo increíble. Dios al encarnarse en Jesús se despoja de todos los títulos posibles (rey de reyes, mesías, etc) para que despojado de todo solo tuviera una condición, la única que tenemos por solo ser: “humano”.

    Gracias por compartir, espero sigas desarrollando e investigando sobre estos temas y que a su vez ayude a otros que no investigamos directamente de esto, pero si de otros grupos vulnerables o en exclusión.

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